La localidad de Los Cristianos, en el municipio de Arona, vivió este domingo una tarde de contrastes con la celebración del Gran Coso Apoteosis, un desfile que reunió a medio centenar de formaciones carnavaleras y que transformó las calles en una explosión de ritmo y color. El evento, que partió desde los Apartamentos Paloma Beach y concluyó en el Centro Cultural, congregó a miles de personas entre las que predominaba, por momentos, un perfil claramente turístico.

“¿Qué es el coso? ¿Esto se llama coso?”. La pregunta, formulada por Juan Carlos Díaz, un visitante madrileño de escapada en la Isla, resume a la perfección el espíritu de una cita que muchos desconocían pero que acabaron disfrutando. Tras la aclaración pertinente, Díaz reconocía que el espectáculo que tenía ante sus ojos le parecía “muy animado, divertido”. Como él, decenas de turistas se toparon de bruces con la última gran cita del Carnaval en Tenerife, cuando la Semana Santa asoma ya en el calendario.

El paisaje humano resultaba cuando menos pintoresco. Sobre el asfalto, comparsas y grupos de la Isla desfilaban al ritmo de la música; en los márgenes, turistas se agolpaban tras las cuerdas que delimitaban el recorrido mientras otros seguían el espectáculo cómodamente sentados en las terrazas, como quien contempla una animación de hotel, solo que en plena calle y a media tarde.

La nómina de participantes reunía a algunas de las formaciones más reconocibles del Carnaval tinerfeño. Diablos Locos, Zeta Zetas, Bahía Bahitiare, Tropicana o Cariocas desfilaron ante un público heterogéneo. Tampoco faltó a la cita la célebre comparsa Los Joroperos, capitaneada por un siempre activo Fernando Hernández. “Venimos todos los años; somos un grupo más del Sur”, explicaba minutos antes de que su formación iniciara la marcha, ocupando el puesto 26 en una comitiva integrada por medio centenar de participantes.

Hernández incidía en el carácter especial de esta cita, que para muchos grupos supone el broche de oro a la temporada carnavalera. “Aquí todos despedimos el Carnaval; por eso viene la mayoría de las comparsas y otros grupos”, manifestaba mientras el ambiente comenzaba a caldearse.

La comitiva, abierta por dos motoristas de la Policía Local, combinaba formaciones de baile con carrozas alegóricas. Entre los asistentes, las opiniones reflejaban la diversidad del público. Alejandro Hernández, que acompañaba a su madre, miembro de una comparsa, reflexionaba en voz alta sobre la fisonomía del evento: “Vivimos del turismo, pero esto es un poco raro, ¿cuánta gente hay de aquí?”. Una pregunta que invitaba a la reflexión demográfica en un Sur cada vez más cosmopolita.

Precisamente esa diversidad se manifestaba en las reacciones de los visitantes extranjeros. Emma Wilson, turista británica, seguía el desfile con atención. “Vinimos a la playa, pero nos encontramos con el Carnaval; es muy bonito, mucho color. Mis hijos están encantados. Hay buen rollo, energía”, expresaba en un fluido español. En similares términos se pronunciaba Luca, visitante italiano: “Nos dijeron que el carnaval de Tenerife era famoso, pero no imaginábamos encontrarlo también aquí y menos tan cerca de Semana Santa. En Italia los carnavales suelen terminar mucho antes”.

La sobremesa de algunos residentes tuvo como banda sonora el ritmo de las batucadas. Tamara González, vecina de Candelaria que había quedado a comer con una amiga, lo explicaba así: “Es un acto divertido para pasar un buen rato. Es un reflejo de lo que es el Sur; aquí vive gente de muchísimos países y eso se nota también en el carnaval; es lo normal”.

Entre los participantes, Toñi, componente de una de las comparsas y vecina del barrio santacrucero de Añaza, aportaba su experiencia: “He venido ya un par de años y la verdad es que me lo he pasado bien. Esto es distinto a otros actos y, aunque no es demasiado conocido, viene un montón de gente. Muchos turistas no saben ni que el acto es hoy, se lo encuentran por la calle, se paran y lo ven”.

Santiago y Teresa Torrens, valencianos jubilados que visitan Tenerife por cuarta vez, resumían el sentir de muchos asistentes: “Lo estamos pasando pipa, estupendamente. Siempre hemos visto por televisión cómo los canarios vivís los carnavales y nos gusta mucho. Le ponéis mucha pasión y en un acto como este se nota; se ve que la gente que baila está disfrutando”.

Olor a crema solar, bañistas que regresaban de la playa, otros que iniciaban la jornada playera, partidos de pádel ajenos al colorido y un sol benevolente acompañaron una tarde en la que Los Cristianos demostró, una vez más, su condición de crisol de culturas. El Carnaval, que para muchos grupos se despide hasta el año que viene, dejó en el Sur una estampa de convivencia festiva, con el telón de fondo de un turismo que, sin pretenderlo, se encontró con la fiesta en la calle.

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