Un conocido miembro del colectivo de rondallas de Tenerife ha abierto un debate en redes sociales sobre la deriva del concurso, cuestionando la obsesión por la cantidad de público en detrimento de la calidad musical. Plantea que quizá el camino no sea modernizarse, sino volver al rigor de la música clásica, que es lo que realmente define a estas agrupaciones dentro del Carnaval.
Pasadas ya las semanas de máximo bullicio carnavalero, las reflexiones sobre el estado de la fiesta empiezan a asomar en los foros de debate. En esta ocasión, el foco se ha puesto sobre las rondallas, un género con una larga tradición dentro del Carnaval de Tenerife. Un miembro destacado del colectivo, que firma sus reflexiones como LaCaballe Juanmanuel, ha compartido en Facebook una serie de pensamientos que han generado un intenso debate entre los aficionados y los propios músicos.
El detonante de su inquietud es el llamado “tema libre”, una fórmula que en su día se introdujo, según recuerda, como una “válvula de modernización y dinamización” del concurso. Sin embargo, con el paso del tiempo, el autor se pregunta si aquella decisión no fue en realidad un error. “¿Y si nos está acercando a un territorio que ya no debería ser el nuestro?”, se cuestiona, sugiriendo que quizá la esencia de las rondallas se está diluyendo en un intento por atraer a nuevos públicos.
Cantidad frente a calidad
Uno de los puntos que más le preocupan es la aparente obsesión por la cantidad de público que asiste al concurso. A su juicio, el “verdadero” público de las rondallas acude a escuchar música clásica, y en los últimos tiempos no se le está ofreciendo con la calidad que debería. “No busquemos la cantidad de público, sino su calidad, ofreciéndoles nosotros un nivel mucho más alto. La cantidad, estoy seguro, llegará después”, argumenta.
El autor de la reflexión lanza varias propuestas que, según él, podrían contribuir a recuperar el rumbo. Se pregunta si el horario de los conciertos debería replantearse teniendo en cuenta la edad media del público asistente. También sugiere la incorporación de un descanso con algún refrigerio que permita comentar lo escuchado y estirar las piernas, así como la posibilidad de que la deliberación del jurado sea inmediata tras cada partitura.
“Más rigor en la música clásica”
La conclusión de su mensaje es clara y contundente. Frente a la deriva actual, el autor defiende la necesidad de avanzar “en la dirección contraria a la que llevamos”. Su receta pasa por recuperar el rigor en la música clásica, que es, a su juicio, lo que realmente diferencia a las rondallas del resto de agrupaciones dentro del Carnaval.
“Un saludo a todos y gracias por existir, rondalleros”, concluye el texto, firmado desde “la ciudad del agua perenne”, una clara referencia a La Laguna, cuna de una de las tradiciones rondalleras más arraigadas del archipiélago. Con esta reflexión, el debate queda abierto sobre el futuro de un género que busca su lugar en un Carnaval cada vez más diverso y fragmentado.