Tras la publicación de un artículo reciente que cuestiona la presencia y el valor del Concurso de Agrupaciones Musicales dentro del Carnaval, vuelve a abrirse un debate recurrente: ¿se conoce realmente lo que ocurre sobre un escenario y lo que se vive delante de él?

Las agrupaciones musicales también cantan al Carnaval. Y sí, también son Carnaval. Reducir su participación a expresiones como “mil euros por aguantar” no solo simplifica una realidad compleja, sino que demuestra un profundo desconocimiento —y una falta de respeto— hacia un trabajo que se construye durante meses. Ensayos interminables, voces trabajadas, músicos comprometidos, letras pensadas y, sobre todo, muchísima ilusión sostienen cada actuación.

El pasado año, el recinto acogió a cerca de 200 personas que disfrutaron, escucharon y aplaudieron un concurso que es tan Carnaval como una murga, como la Gala de la Reina o como el propio Carnaval en la calle. La respuesta del público confirma que estas propuestas no son un añadido anecdótico ni un trámite dentro del programa oficial.

Las agrupaciones musicales no son relleno.
No son un mero paso administrativo.
Son cultura popular, cantera artística y tradición viva.

El Concurso de Agrupaciones cumple, además, una función esencial: incentivar a la afición carnavalera para que se acerque, conozca y valore a formaciones que comparten el mismo peso cultural y la misma pasión que cualquier otra modalidad del Carnaval. Invisibilizarlas o cuestionar su existencia no fortalece la fiesta; la empobrece.

Porque el Carnaval no solo se baila ni solo se grita.
El Carnaval también se canta.

Y dicho esto, el mensaje es claro: nos vemos en la calle.
O mejor dicho, nos vemos en el Concurso de Agrupaciones.

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