La decisión del juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 5 ha caído como un mazazo sobre los protagonistas de la fiesta más emblemática de Las Palmas de Gran Canaria. Orquestas, murgas, drags, diseñadores y comparsas ven cómo la incertidumbre se instala una vez más en el corazón de sus celebraciones y reclaman una solución definitiva. Algunos ya hablan de salir a la calle para defender lo que consideran “una tradición que nos representa”.
La sentencia que ordena al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria buscar una nueva ubicación para el Carnaval, fuera de los barrios del Puerto y La Isleta, ha sacudido los cimientos de la fiesta. Más allá de los despachos municipales y los recursos legales, el fallo judicial ha generado una ola de preocupación entre quienes hacen posible el Carnaval: murgueros, drags, diseñadores de vestuario, músicos y agrupaciones que ven cómo año tras año la celebración se ve amenazada por los continuos pleitos vecinales.
“Esto es un batacazo”, resume sin ambages Arán Armas, presidente de la asociación de drags y conocido artísticamente como Drag Equinox. Para él, la fiesta lleva demasiado tiempo encontrando “piedras en el camino”, justo cuando en los últimos años había empezado a resurgir con fuerza gracias al circuito de escenarios en La Isleta. Su diagnóstico es claro: “El Carnaval sin la calle no va a ningún lado”. Por eso, anima a los colectivos y a la organización a movilizarse y a no quedarse de brazos cruzados. “No puede ser que cada año haya problemas con la ubicación”, reclama, poniendo el foco en la “incertidumbre” que esta situación genera para todos los participantes.
De la fiesta al descontento: “Hay que salir a pelear”
La preocupación trasciende los límites del propio Carnaval. Mari Patrón, presidenta de la Asociación de Diseñadores (ADIC), advierte de que lo que está en juego no son solo 15 días de fiesta, sino la propia supervivencia de las celebraciones populares en los barrios. “Esto ya puede poner en peligro cualquier fiesta, incluidas las de los barrios”, señala, recordando que en Manuel Becerra se celebran las verbenas del Carmen y en la plaza de La Luz las de La Naval. Su propuesta es contundente: “Debería haber una manifestación de toda la gente que ama el Carnaval”.
El sentimiento es compartido por Jonathan García, presidente del Grupo Acuarela, que eleva la voz para recordar la dimensión cultural y económica de la fiesta. “Estamos hablando de algo que representa a Canarias, es una tradición. Sería como suspender los Sanfermines”, argumenta. García subraya además el impacto económico que genera el Carnaval, cifrado por el Ayuntamiento en unos 40 millones de euros, y lanza un mensaje claro: “Hay que salir a la calle a pelear por el Carnaval y nuestra cultura”.
En la misma línea se expresa Ronald García, director de Armonía Show, para quien la preocupación va más allá del interés particular de su agrupación. “Me fastidia más por la gente que quiere disfrutar del Carnaval”, confiesa, situando el derecho al disfrute ciudadano por encima de cualquier otra consideración.
El sector musical, en vilo: “Es una de nuestras fechas más fuertes”
Para músicos y DJs, la incertidumbre sobre la ubicación del Carnaval tiene una repercusión directa en su actividad profesional. Alberto Monterrey, dj, reconoce que estas fiestas suponen “una de las fechas más fuertes del año por la cantidad de bolos que salen”. Su llamamiento a las autoridades es que trabajen para “encontrar un lugar idóneo” donde la fiesta pueda desarrollarse sin conflictos, porque se trata, subraya, de “una fiesta que es nuestra y que siempre nos ha representado”.
Nichel B., también dj y vecino de La Isleta, ofrece una mirada más matizada. Aunque comprende que “el ruido y la afluencia de personas pueden ocasionar molestias a quienes residen en las zonas cercanas”, no termina de aceptar que se plantee cambiar la ubicación de un evento que congrega a miles de personas “por las quejas de una minoría”. Su apuesta es por buscar “un equilibrio” que permita compatibilizar el descanso vecinal con la tradición carnavalera.
Murgas y comparsas: “El Carnaval no es delito, es cultura”
En las redes sociales, las agrupaciones carnavaleras han comenzado a expresar su malestar y a lanzar mensajes de movilización. Las murgueras del Risco, las Crazy Trotas, han publicado un mensaje que resume el sentir de muchos: “El Carnaval no es delito, es cultura, tradición y alegría; se cuida, no se persigue”. Por su parte, la comparsa Kisamba advertía de que “perder el Carnaval de la calle sería perder lo que somos”.
La murga Los Chacho tú ha recordado la actuación que realizó este año en el concurso de murgas, donde precisamente defendió la celebración de la fiesta frente a las denuncias vecinales. Un gesto que ahora adquiere un nuevo significado, como si la propia ficción carnavalera se hubiera anticipado a la realidad judicial.
“Esto pone en peligro cualquier fiesta, también las de barrio”
La advertencia de Mari Patrón resuena con fuerza entre los colectivos. Lo que está en juego, insisten, no es solo el Carnaval de la capital, sino el modelo de fiesta popular en los barrios. La sentencia que afecta a Manuel Becerra y la plaza de La Luz podría sentar un precedente que termine extendiéndose a otras celebraciones tradicionales.
Drag Sethlas, conocido artísticamente como Borja Casillas, ha sido uno de los más explícitos en su llamamiento a la acción ciudadana: “La gente tiene que salir a la calle y pelear por lo nuestro”. Un mensaje que va ganando eco entre los colectivos, que ya han comenzado a conversar sobre posibles movilizaciones.
Un futuro incierto para la fiesta más multitudinaria
Mientras el Ayuntamiento prepara el recurso contra la sentencia y se inicia la búsqueda de una nueva ubicación para las próximas ediciones, los colectivos carnavaleros miran con preocupación el horizonte. La incertidumbre que denuncian no es nueva, pero la resolución judicial la ha elevado a un nivel inédito.
“Los colectivos ya estamos hablando de que hay que hacer algo”, confirmaba Arán Armas, en una frase que resume el estado de ánimo de quienes llevan sobre sus hombros la tradición. El Carnaval, dicen, es mucho más que una fiesta: es identidad, economía, cultura y arraigo. Y por eso, insisten, merece un futuro estable.
Ahora, la pelota está en el tejado de las administraciones y, posiblemente, también en la calle. Porque si algo han dejado claro los protagonistas de esta historia es que no piensan quedarse quietos mientras la fiesta que han construido durante décadas se desvanece entre pleitos judiciales y cambios de ubicación. “El Carnaval no es delito”, repiten. Y están dispuestos a demostrarlo.