La Corporación municipal remitirá al Ejecutivo autonómico la propuesta de jornadas inhábiles que incluyen el Martes de Carnaval y la conmemoración fundacional de la ciudad.

La sesión plenaria celebrada durante la mañana del viernes en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife dejó sobre la mesa un acuerdo unánime entre todas las formaciones políticas representadas. En el sexto punto del orden del día, el alcalde presentó el expediente relativo a la designación de las dos jornadas festivas de carácter local para el próximo año, recibiendo el respaldo sin fisuras de los grupos municipales.

La propuesta, que ahora deberá ser ratificada por la Dirección General de Trabajo del Gobierno de Canarias, sitúa el 9 de febrero y el 3 de mayo como las fechas elegidas. La primera de ellas coincide con el Martes de Carnaval, siguiendo la tradición que vincula estas celebraciones al calendario litúrgico de la Semana Santa. La segunda jornada festiva se corresponde con las Fiestas Fundacionales de la capital tinerfeña.

El calendario religioso impone sus condiciones

La decisión adoptada en el Consistorio no oculta, sin embargo, la compleja tesitura que enfrenta la organización del Carnaval 2027. La propia Corporación reconoce las dificultades técnicas para desarrollar la fiesta más internacional del municipio ajustándose estrictamente a las fechas que marca la tradición religiosa.

Si se atendiera al cómputo eclesiástico que determina la Pascua y, por consiguiente, el periodo cuaresmal que desemboca en la Semana Santa, el Carnaval chicharrero debería arrancar el 8 de enero del próximo año. El inconveniente no radica tanto en la fecha de inicio como en los plazos logísticos: desde la conclusión de la Pascua Militar, el 6 de enero, hasta el montaje de infraestructuras para concursos y galas apenas transcurrirían diez días, un margen insuficiente según los informes técnicos.

Un aplazamiento sobre la mesa

Javier Caraballero, responsable del área de Fiestas, admite como escenario más viable un retraso de entre dos y tres semanas con respecto a la fecha tradicional. Este aplazamiento situaría el comienzo de los actos hacia finales de mes, posibilidad que el primer edil acepta siempre que las condiciones materiales impidan cualquier alternativa.

Este contexto ha reabierto el debate sobre la conveniencia de establecer una fecha fija para futuras ediciones, aunque el regidor municipal se muestra contrario a fijar el calendario con independencia de la tradición. La decisión definitiva dependerá ahora de los informes técnicos y de la viabilidad logística que presenten los montajes necesarios para albergar una de las citas carnavaleras más relevantes del Archipiélago.

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