La Chirigota ‘SSSHHHHH!!!’, ganadora del COAC en Cádiz, actuó en la plaza de Los Algodoneros dentro de la programación inaugural del Carnaval de Santa Lucía
El mes de febrero siempre trae consigo el bullicio de las mascaritas y el ritmo de las coplas. Pero este año, antes de que la fiesta estallara por completo en las calles del sureste grancanario, un imponente “¡silencio!” reclamó la atención de los presentes. La plaza de Los Algodoneros se convirtió por una noche en un balcón flamenco improvisado, y los encargados de asomarse a él no fueron otros que los componentes de la Chirigota ‘SSSHHHHH!!!’, más conocidos como los saeteros de San José de la Rinconada.
Liderados por su capataz carnavalero, Antonio Álvarez ‘El Bizcocho’, y con Pablo de la Prida como coautor, el grupo llegó a tierras canarias con el prestigio que otorga haber alcanzado el primer premio en la modalidad de chirigota del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz (COAC). Un reconocimiento que, como el propio Bizcocho confesaba, les ha permitido hacerse “un huequecito entre las agrupaciones más queridas por la afición”.
De las tablas del Falla al calor de Canarias
Desde el pasado 27 de enero, más de un centenar de agrupaciones desfilaron por el escenario del Gran Teatro Falla. Entre ellas, estos saeteros con “toque flamenco” lograron conquistar al jurado —a los que ellos llaman “vecinos en las alturas”— con un repertorio cargado de actualidad y humor. Sus pasodobles y cuplés abordaron temas tan variopintos como las balizas V16, las tediosas cenas de empresa o la peculiar manía hacia lo “moderno”, conectando con un público que supo reconocer la calidad de sus letras.
La conexión con Gran Canaria no es nueva. El grupo ya se había asomado antes a otros balcones del archipiélago, pero con el tiempo ese vínculo se ha ido fortaleciendo. “Al principio veníamos con la duda de si gustaría, pero fue sorprendente ver la fuerte conexión entre ambos carnavales”, recuerda El Bizcocho. Una afinidad que, según explica, bebe de ese parecido cultural y emocional entre canarios y andaluces, dos pueblos que llevan la música y la fiesta en la sangre.
El eco de ‘Los Legías con G’ en el Falla
La relación entre ambos carnavales vivió este año un hito con la participación de una agrupación chicharrera en el concurso gaditano. ‘Los Legías con G’ pisaron las tablas del Falla con la emoción del debutante, pero la experiencia no salió como esperaban. El público respondió con un irónico “¡campeones, campeones!” que resonó entre las butacas y se hizo viral.
Para El Bizcocho, la reacción no tuvo que ver con el origen foráneo de la agrupación, “sino porque no reprodujeron bien los cánones de una chirigota. Partieron los esquemas a los que la gente estaba acostumbrada”. En su opinión, el “fiasco” no respondió a una falta de respeto hacia el Carnaval de Cádiz, sino a que quienes estaban sobre las tablas “no eran aficionados reales del concurso”.
La libertad como bandera
El carnaval, en esencia, es una declaración de intenciones. Una celebración que en tiempos pasados se vivía entre sombras y que hoy se reivindica como la expresión “más bonita del pueblo”. Así lo defiende uno de los grandes referentes de la fiesta gaditana: “El carnaval es uno de los últimos reductos de libertad de expresión en los que nadie se atreve a meterse. Es una explosión de arte, de letra, de música; hay muchísimos artistas por metro cuadrado”.
En esa tensión entre libertad y sátira surge la pregunta recurrente: ¿dónde están los límites del humor? Antonio Álvarez lo reflexiona con la calma de quien lleva años midiendo las reacciones del público. “El límite está en el gusto de cada uno, en el buen o mal gusto”, sentencia, y añade una reflexión que abre otro debate: “A veces el problema no está en quien lo cuenta, sino en quien lo escucha. Hay gente que se ofende en exceso”.
Porque el carnaval, al final, es libertad. Libertad para cantar, para criticar, para reírse de uno mismo y de todo lo que nos rodea.
Antídoto contra los días grises
Para los componentes de ‘SSSHHHHH!!!’, sus coplas funcionan como un bálsamo. “Nosotros somos los primeros a los que el carnaval ha salvado. Sabemos que ayudamos, porque la gente nos lo hace saber”, confiesa El Bizcocho. En un mundo donde el horizonte a veces se vuelve borroso, sus letras se convierten en un remedio natural, sin receta, que combina paz, amor y humor.
Lejos de querer recogerse, estos saeteros siguen enamorados de la Tacita de Plata. Cádiz es su casa, su escenario eterno, el lugar donde mueren… y donde, como reza el estribillo de su chirigota, “resucito otra vez”.
Ensayo al sol y una plaza entregada
Horas antes de la función, el grupo almorzaba en los alrededores de la plaza de Los Algodoneros. La prueba de sonido llegó después, aprovechando los últimos rayos de sol de la tarde. Entre ajustes técnicos, algún que otro turista inmortalizaba el momento con el móvil y los miembros de la agrupación aprovechaban para bromear entre ellos. Moisés, uno de sus integrantes, se convirtió en el alma cómica de la jornada, arrancando carcajadas incluso antes de subirse al escenario.
Ya entrada la noche, el Maestro Florido dio paso a la ‘Chirigota SSSHHHHH!!!’. Como en una procesión, los saeteros fueron entrando en la plaza marcando el ritmo. El público, entregado, los recibió con un caluroso “¡Campeones, campeones!” y un sonoro “¡Esto sí que es una chirigota!”, en referencia al premio obtenido el 13 de febrero. La plaza, a rebosar, tenía incluso público en “el gallinero”, como lo describió el propio Bizcocho.
El repertorio repasó los éxitos de este año, pero hubo tiempo también para recordar a aquella banda del Titanic de ‘La última y nos vamos’ y a los espectros de ‘Los mi alma’. La improvisación entre letra y letra se convirtió en una cascada de carcajadas, y hasta sonó el himno de Andalucía.
Antes de la actuación, la Asociación Sociocultural Karna había ofrecido el pregón inaugural. ‘Los Clásicos’, el espectáculo de La Chirichota, abrió la veda del humor con una divertida crítica sobre grandes compositores asomados a la música actual. Pedro Afonso puso el broche musical a una noche que dio el pistoletazo de salida a un carnaval dedicado a los mundos mágicos y los seres fantásticos.