Una sentencia judicial obliga al Ayuntamiento a alejar la celebración de las zonas residenciales del Puerto y La Isleta. Mientras tanto, una propuesta arquitectónica que prometía 12.000 metros cuadrados para el Carnaval en pleno centro sigue sin ver la luz.
El Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional, vive un momento crucial. Una reciente resolución del juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 5 de la capital obliga al Consistorio a reubicar los eventos festivos que hasta ahora se celebraban en espacios como Manuel Becerra, Los Patos o la plaza de La Luz. El motivo: garantizar el descanso de los vecinos del Puerto y La Isleta.
El fallo judicial, que da la razón a los residentes, ha reabierto un debate que parecía dormido. ¿Dónde ubicar la gran fiesta de la ciudad sin que moleste a quienes viven cerca? La respuesta, para muchos, ya está escrita en un anteproyecto que cumple casi cuatro años guardado en un cajón.
Un plan de 2022 que prometía cambiar las reglas del juego
El 15 de junio de 2022, el entonces alcalde Augusto Hidalgo y el expresidente de la Autoridad Portuaria, Luis Ibarra, presentaron con bombo y platillo el denominado proyecto Puerto – Ciudad. La iniciativa, obra del estudio Onda Arquitectura que dirige Javier Haddad, proponía una solución integral para darle al Carnaval un hogar definitivo sin sacrificar la tranquilidad vecinal.
“El proyecto solucionaba varias necesidades en el Muelle de Sanapú: abría un espacio verde para los ciudadanos y dotaba de un lugar para eventos, ya fueran Carnaval, ferias o conciertos”, explica Haddad. La clave estaba en una idea sencilla sobre el papel: trasladar la rotonda del acceso sur del Puerto hasta la altura del Acuario. Ese movimiento liberaría una zona estratégica junto al Muelle de Santa Catalina.
Un espacio cinco veces mayor que el parque Santa Catalina
Según los planos del estudio, en la trasera del Edificio Elder y Miller se podrían ganar 12.207 metros cuadrados. La cifra no es casual: multiplica por cinco la superficie del actual parque Santa Catalina, que apenas alcanza los 2.600 metros cuadrados. Un espacio así permitiría alejar la fiesta de los núcleos residenciales más sensibles y, al mismo tiempo, devolverle a Santa Catalina su vocación original de pulmón verde.
“Ahora mismo Santa Catalina no es ni parque ni plaza. Cuando no hay eventos, la zona más dura queda sin uso, desolada y sin sombra”, lamenta el arquitecto. Su propuesta, insiste, no es un parche: “Evita propuestas fragmentadas como si fuera un rompecabezas”.
El ‘efecto ajedrez’ que nadie ha movido
Haddad compara su proyecto con una jugada de ajedrez. “Cambia totalmente las reglas del tablero y crea muchas situaciones de oportunidad”. Entre ellas, mejorar la conectividad viaria. “Permite una conexión desde la calle Alfredo L. Jones a la zona del Puerto que actualmente no es posible. Para acceder al Sebadal ahora mismo tienes que ir hasta el Club Náutico para dar la vuelta”.
Sin embargo, el proyecto chocó con dos obstáculos. El primero, el cambio de gobierno: a Augusto Hidalgo le sucedió Carolina Darias, y Luis Ibarra fue relevado por Beatriz Calzada. Las diferencias entre las nuevas responsables paralizaron la iniciativa. El segundo, las dudas técnicas planteadas por la Autoridad Portuaria, que alegó razones de seguridad: en caso de emergencia, si la salida por Belén María quedara bloqueada, el acceso sur sería imprescindable.
“Trasladar el Carnaval a la perifría sería un error garrafal”
Haddad rebate los argumentos: “Se permite la salida de la misma manera, solo que en vez de por la rotonda actual, por la del Acuario, incluso antes”, asegura sin necesidad de soterramientos. El arquitecto recuerda que el anteproyecto también fue presentado al Gobierno de Canarias y que “nadie puso ningún tipo de impedimento” desde Infraestructuras.
Ahora, con la sentencia judicial como telón de fondo, Haddad reclama que se recupere el plan. “El anteproyecto todavía está vigente”, sentencia. Y lanza una advertencia clara: “Trasladar cualquier opción a la periferia o al exterior de la ciudad sería un error garrafal”.
El Carnaval de Las Palmas merece un lugar digno, céntrico y que no enfrente a la fiesta con los vecinos. La solución lleva casi cuatro años esperando en un cajón. Solo falta que alguien se atreva a abrirlo.
Un espacio cinco veces mayor que el parque Santa Catalina