El vestido que lució Carla Castro en su coronación como reina del Carnaval chicharrero en 2026 ha renacido de las manos de una nueva generación de creadores. No se trata de una copia, sino de una revisión artística impulsada por la Asociación de Diseñadores y Artesanos del Carnaval, con el respaldo del Cabildo de Tenerife. El responsable de esta iniciativa ha sido el diseñador Alexis Santana, quien junto al alumnado de la Escuela de Arte Fernando Estévez ha liderado un taller donde el traje original sirvió como punto de partida para explorar nuevos lenguajes creativos.
Alexis Santana, artífice del diseño que representó a McDonald’s y EL DÍA en la pasada edición, confiesa que aceptó volver a las aulas sin pensarlo. “Regresar al lugar donde me formé fue una alegría inmensa”, señala el modista, quien agradece el respaldo de la profesora Carolina Reyes. “Ella me dio total libertad para plantear el curso. Fue entonces cuando propuse reconstruir, desde la mirada de los estudiantes, el traje de la reina de 2026”. Así nació el proyecto: poner a los futuros profesionales frente a un encargo real, viviendo el proceso completo de confección.
El reto comenzó sobre el papel. Cada alumno del Fernando Estévez aportó su estilo personal al boceto inicial, fusionando sus propias sensibilidades hasta definir la silueta y el tocado. Con la supervisión de Santana, el diseño final cobró forma. Lo que vino después fue un trabajo artesanal total: desde la estructura interna —el esqueleto del vestido— hasta el último abalorio, pasando por cada piedra, cada diamante y cada pluma. “Ha sido muy enriquecedor, porque estamos aplicando técnicas que no manejábamos antes”, explica Diego Calvo, uno de los participantes.
El resultado incluye la recreación de la falda, la pechera y el tocado. Aunque el proceso dejó quemaduras, pinchazos y más de un dolor de cabeza, el ánimo del grupo no decayó. “Alguien como Alexis te da la confianza necesaria para sacar el trabajo adelante. Estamos muy satisfechos y nos sentimos preparados para cualquier oportunidad que surja”, comenta Joel Jonás Acuña, otro de los alumnos.
Cuando por fin las telas anaranjadas y los destellos cristalinos estuvieron ensamblados, la emoción se desbordó en el taller. “Alexis, ¿me lo puedo probar ya?”, bromeaban algunas estudiantes, ansiosas por sentir en su propia piel el fruto de tantas horas de esfuerzo. Pero el destino de la pieza era otro: volver a envolver a Carla Castro.
La propia reina confiesa que llevaba semanas esperando ese instante. “Es como revivir un pedacito de mi traje y aquellos nervios de la gala. El carnaval ha sido una de las experiencias más hermosas de mi vida, y poder revivirla hoy es algo increíble”, declaró mientras se ajustaba la pechera y reforzaban los abalorios colgantes de los brazos. Ante la mirada de alumnos y profesores, Carla volvió a modelar la fantasía “Icónica”, desatando los aplausos y los flashes.
Alexis Santana, orgulloso, no escatimó elogios hacia los estudiantes: “Les ha quedado una silueta envidiable. Enhorabuena de verdad”. Para los jóvenes, este taller supone mucho más que un ejercicio académico: es una puerta abierta al taller profesional. Como apunta la propia reina, “el trabajo de los chicos ha sido increíble. Muchos de ellos podrían incorporarse al equipo el año que viene”.
Con esta experiencia, el ciclo se cierra para unos —Carla continúa su reinado— y se abre para otros, que han descubierto en las agujas, las piedras y las plumas un oficio con futuro. El carnaval, una vez más, demuestra ser también una escuela de talento.