La tradición popular resurgió con fuerza este domingo en el municipio costero, donde más de un centenar de personas acompañaron a la sardina en su último paseo antes de convertirse en cenizas frente al mar.
El espigón de la Playa del Alcalde se convirtió en el epicentro de la emoción colectiva cuando las llamas devoraron el símbolo carnavalero, cerrando así una jornada que recuperaba una de las citas más arraigadas en el calendario festivo de Candelaria.
El recorrido, que arrancó pasadas las ocho de la tarde desde la calle La Arena, transformó las vías del municipio en una auténtica fiesta ambulante. Los ritmos contagiosos de la Fanfarria Los Realejos pusieron la banda sonora a este peculiar cortejo fúnebre-festivo, mientras la Rumbera Ultraperiférica se encargaba de coordinar los pasos de una comitiva que no dejó de crecer a su paso por el litoral.
Una tradición que resucita desde las raíces
Lo que hace unos años era solo un recuerdo en la memoria de los vecinos más veteranos, hoy vuelve a ser una realidad gracias al empeño ciudadano. Este acto tan simbólico regresa al programa oficial del Carnaval empujado por el tesón de quienes entienden la fiesta como un vehículo de transmisión cultural.
La primera edil del municipio, Mari Brito, junto al concejal responsable del área de Fiestas, Manuel González, quisieron poner en valor el esfuerzo colectivo durante la velada. Ambos dirigieron unas palabras de reconocimiento “al entusiasmo y la dedicación vecinal que han hecho posible rescatar esta ceremonia tan emotiva”. Los representantes municipales extendieron su felicitación “a todos los participantes que engrosaron las filas del desfile y compartieron ese instante único que representa, con júbilo y espíritu comunitario, el adiós simbólico al Carnaval”.
Un cierre por todo lo alto
La estampa de la sardina ardiendo frente a la inmensidad del océano puso el punto final a una jornada dominical que reconcilió a Candelaria con su historia festiva. El ambiente, impregnado de esa mezcla tan carnavalera entre la sátira y la nostalgia, demostró una vez más que las tradiciones, cuando son auténticas, encuentran siempre la manera de perpetuarse.
Desde el Consistorio candelariero se destaca especialmente la respuesta ciudadana, subrayando que esta colaboración desinteresada es la que permite que la fiesta evolucione sin desprenderse de su esencia más genuina.