La inauguración de la octava Feria Tricontinental de Artesanía convirtió ayer el Recinto Ferial de Tenerife en un gran escenario de celebración de la cultura mexicana. Una propuesta artística dirigida por Juan Carlos Armas, que unió música, danza, acrobacias y tradición, y que dejó una imagen muy distinta a la que se proyectó en 1996, durante la gala de la Reina del Carnaval que acompañó la inauguración de estas instalaciones.

Treinta años después, el recinto volvió a acoger un acontecimiento con México como protagonista. Pero esta vez, el país invitado fue homenajeado con respeto, sensibilidad y una puesta en escena que supo acercar su riqueza cultural al público canario. La diferencia entre ambas citas no pasó inadvertida: mientras la gala de 1996 terminó envuelta en una polémica que llegó hasta el Consulado mexicano, la inauguración de ayer se convirtió en una celebración de la cultura y del entendimiento entre pueblos.

De la polémica diplomática al homenaje cultural

La gala de 1996, dirigida por Eduardo Bazo, quedó marcada por el malestar provocado por la representación de México y por la queja formal que presentó el Consulado mexicano ante la imagen ofrecida de sus conciudadanos. Una controversia que trascendió el ámbito del espectáculo y abrió un delicado frente institucional, con el consiguiente riesgo de deteriorar las relaciones entre representantes de ambos territorios.

Aquel episodio quedó asociado a una inauguración que debía simbolizar el comienzo de una nueva etapa para el Recinto Ferial, pero cuya puesta en escena terminó generando un conflicto que habría sido preferible evitar.

Ayer, sin embargo, el escenario ofreció otra lectura. Juan Carlos Armas planteó un espectáculo que puso en valor las tradiciones mexicanas y las presentó desde la admiración, la calidad artística y el respeto. No se trataba únicamente de llenar el escenario de música y color, sino de comprender la responsabilidad que implica representar la identidad de un país ante miles de personas.

Cuarenta minutos para celebrar México

El Mariachi Tenerife y la Banda Sinfónica Las Candelas, bajo la dirección musical de Mauro Fariña, protagonizaron una actuación de aproximadamente cuarenta minutos en la que las sonoridades mexicanas adquirieron una dimensión sinfónica. Las voces de Goyo Tavío, Chago Melián, Rafa Rodríguez y Mar Gutiérrez aportaron personalidad a una propuesta que conectó con los asistentes.

La actuación se completó con una acróbata suspendida en telas, el desfile de catrinas y una coreografía de novias inspirada en la devoción a la Virgen de Guadalupe, con la participación de bailarines de la comparsa Danzarines Canarios.

El confeti, los personajes gigantes inspirados en la tradición mexicana y la ovación final pusieron el broche a una inauguración que demostró que el espectáculo puede ser, al mismo tiempo, entretenimiento, divulgación cultural y homenaje.

Una lección treinta años después

La comparación entre 1996 y 2026 va más allá de enfrentar dos galas separadas por tres décadas. Pone de manifiesto dos maneras de abordar la representación de una cultura extranjera: una que terminó provocando una protesta diplomática y otra que hizo de la música, la tradición y el respeto sus principales argumentos.

La inauguración de ayer, con México como país invitado de la Feria Tricontinental, reivindicó el potencial del Recinto Ferial como espacio para la cultura y el encuentro internacional. También situó en primer plano el trabajo de Juan Carlos Armas y de los profesionales que hicieron posible una propuesta artística en la que la tradición mexicana fue protagonista sin convertirse en caricatura.

Treinta años después de aquella controvertida gala, el recinto tuvo la oportunidad de ofrecer una imagen muy diferente. Y ayer lo hizo con un espectáculo que celebró México, emocionó al público y recordó que la mejor manera de representar a otra cultura es hacerlo desde el conocimiento, la sensibilidad y el respeto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *