El que fuera presidente y director de Vallerios, además de responsable de la batucada, comparte una reflexión sobre los años vividos al frente de la formación, su crecimiento y la situación actual del colectivo
Marcos Santana, quien durante los últimos años estuvo al frente de Vallerios como presidente y director, además de asumir la dirección de la batucada, ha querido compartir una reflexión personal después de haber dejado sus responsabilidades al frente de la formación hace algunos meses.
En su escrito, Santana hace balance de una etapa que comenzó en marzo de 2023 y que, según reconoce, estuvo marcada por el esfuerzo, las dificultades, los momentos de incertidumbre, pero también por importantes logros y, sobre todo, por el crecimiento de un colectivo al que considera mucho más que una comparsa.
Santana recuerda especialmente el momento posterior a la pérdida de Isauro, una figura fundamental para Vallerios. “No fue fácil”, reconoce, subrayando que aquella ausencia dejó “un vacío enorme y una herida difícil de cerrar”. Sin embargo, desde el primer momento tuvo claro que el camino debía ser continuar sin olvidar el legado recibido.
“Dirigir Vallerios nunca significó sustituir a nadie ni borrar ninguna historia. Significó recoger un legado, respetarlo y tratar de hacerlo crecer.”
Durante su etapa, Vallerios consiguió experimentar un importante crecimiento, llegando a superar los 120 componentes, recuperando presencia en las calles y escenarios y afrontando nuevos retos. A ello se sumaron reconocimientos como los dos premios de Ritmo y Armonía, que Santana interpreta como el resultado de muchas horas de ensayo, sacrificios y del compromiso de numerosas personas.
Pero el que fuera responsable de la formación destaca especialmente aquello que no aparece en un palmarés: la construcción de una familia.
“Mientras algunos veían una comparsa, nosotros estábamos levantando una familia.”
Una situación económica saneada
Otro de los aspectos que aborda Santana en su reflexión es la situación económica de Vallerios. Según señala, después de años de trabajo y gestión, la formación se encuentra actualmente sin deudas y con un importante stock de material, una situación que considera fundamental para poder afrontar el futuro con tranquilidad.
El exdirector también aprovecha su escrito para responder a determinados rumores que, según explica, han circulado durante los últimos tiempos y que incluso apuntaban a supuestos enfrentamientos físicos durante reuniones.
Su respuesta es contundente:
“Es incierto.”
Santana asegura que no pretende alimentar versiones que, a su juicio, no se corresponden con la realidad y defiende que quienes estuvieron presentes conocen lo ocurrido.
Una despedida sin renunciar al legado
Aunque ya no ocupa las responsabilidades que desempeñó durante aquellos años, Marcos Santana deja claro que su salida no significa renunciar al vínculo con la historia de Vallerios.
Reconoce que sus decisiones y su manera de gestionar pueden ser objeto de críticas, algo que considera normal dentro de cualquier proyecto, pero reivindica que durante su etapa al frente de la formación nunca tuvo intención de borrar ni perjudicar el legado construido anteriormente.
“Puede gustar más o menos mi manera de hacer las cosas, pero puedo afirmar con la conciencia tranquila que durante estos años jamás he querido manchar, destruir ni borrar el legado que creó Isauro.”
Y es precisamente ahí donde sitúa el mensaje central de su reflexión: Vallerios pertenece a todos los que han formado parte de su historia.
“Porque Vallerios no es de una persona. Vallerios es de su historia. Es de quienes estuvieron antes. Es de quienes están ahora. Es de quienes vendrán después.”
Una reflexión con la que Marcos Santana pone el punto final a una etapa de responsabilidad al frente de Vallerios, pero también reivindica el trabajo realizado durante esos años y expresa su deseo de que el nombre de la formación continúe representando a La Laguna y al Carnaval de Tenerife con orgullo, dignidad, responsabilidad, respeto, humildad, pasión, trabajo, transparencia y honestidad.