Ruymán Ortega es uno de esos nombres cuya trayectoria está profundamente ligada al Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Hijo de Pedro Ortega, una figura histórica del Carnaval y fundador de la agrupación musical Teide, Ruymán creció prácticamente entre disfraces, canciones y agrupaciones musicales. Desde muy pequeño formó parte de Caña Dulce y de la murga infantil El Cabito, además de vivir diferentes experiencias dentro del Carnaval chicharrero.

Su trayectoria también incluye su paso por Los Rumberos y otras formaciones carnavaleras, aunque son las agrupaciones musicales las que reconoce como su gran pasión. En 1998 vivió junto a su familia el nacimiento de Sabor Isleño, agrupación a la que permanece estrechamente vinculado y que actualmente dirige. A esta responsabilidad se suma ahora un proyecto especialmente ilusionante: Saborcito Isleño, una agrupación musical infantil nacida con el objetivo de acercar a los más pequeños a esta modalidad y crear una nueva cantera carnavalera.

Con motivo de sus proyectos de cara al Carnaval 2027, el Grupo EnMascarada Carnaval entrevista a Ruymán Ortega para conocer su historia, su manera de entender las agrupaciones musicales, el nacimiento de Saborcito Isleño y los retos que afronta en un año que será especialmente significativo para su familia.

Ruymán, para comenzar, ¿quién es Ruymán Ortega y cómo nace tu vinculación con el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife?

Ruymán Ortega es hijo de Pedro Ortega, conocido en el Carnaval por todo el mundo. Viniendo de esa cuna, imagínate. Nací en pleno Carnaval y crecí viviendo el Carnaval toda la vida. Cuando nací, mi padre estaba en la agrupación Teide, de la que había sido fundador. Estuvimos allí hasta que yo tenía cuatro o cinco años.

Luego mi padre se fue a Caña Dulce y, con él, todos los años salíamos en la cabalgata. Siempre me he puesto un disfraz de Carnaval desde que nací.

En 1987, además de salir en Caña Dulce, salí en la murga infantil El Cabito. Estuve en 1987, 1988 y 1989, y en 1990 salí tanto en Caña Dulce como en El Cabito.

Ese año ocurrió algo muy bonito. Como había muchos niños en Caña Dulce, mi padre y Marcelo decidieron hacer una agrupación infantil con todos los hijos de los componentes. Nos hicieron un disfraz igual que el de los adultos, grabamos dos canciones y las incluimos en la cinta que grababa Caña Dulce cada año. También actuamos en el Teatro Guimerá durante la presentación de Caña Dulce. Quedó como una anécdota muy bonita.

Después seguí vinculado a Caña Dulce toda la vida con mi padre, hasta que en 1998 decidió fundar Sabor Isleño. La gente que había salido de Caña Dulce se fue con él y terminó naciendo la agrupación.

También he tenido otras experiencias en el Carnaval. Salí en Los Rumberos en 2007, 2008 y 2009, y posteriormente fui letrista de la murga infantil El Cabito.

Como carnavalero, siendo hijo de Pedro, imagínate. Mi padre ha vivido el Carnaval las 24 horas del día durante toda su vida. En mi casa se habla de Carnaval todos los días. Mi padre no descansa ni en mayo ni en junio. El monotema siempre ha sido el Carnaval.

Gracias a él, no hemos conocido otra cosa. Desde pequeño, lo que más me ha gustado ha sido el Carnaval en todas sus vertientes, pero es verdad que lo que me llega al alma y al corazón son las agrupaciones musicales. Es lo que más puedo decir que conozco.

En los últimos años estás al frente de Sabor Isleño. ¿Qué significa para ti dirigir una agrupación que forma parte de tu propia familia?

Es un orgullo enorme. Para mí es una ilusión y, además, el orgullo de poder estar al frente de la agrupación de mi casa y de mi familia.

Desde pequeño siempre tuve esa ilusión. Me gusta cantar y siempre he cantado en la agrupación. Cuando estaba en Caña Dulce veía a Marcelo dirigiendo y para mí era el maestro de los maestros, tocando el cuatro, montando voces… Yo pensaba que, cuando fuera mayor, me gustaría hacer eso también.

Siempre tuve esa inquietud de aprender, montar voces y dirigir. La oportunidad tenía que llegar en mi agrupación.

Es verdad que pasaron 26 años hasta que tomé la decisión de ponerme al frente. Por la agrupación también pasaron directores buenísimos como Morocho, José Monzón, Lucas Rojas o Nico Delgado.

Sabor Isleño siempre ha tenido esa filosofía de los equipos de fútbol: salir a ganar premios. Mi padre siempre ha querido que la agrupación esté entre los premiados, tanto en presentación como en interpretación.

Cuando no ha habido buenos resultados, se han producido cambios de director. Hoy en día es complicado encontrar directores que puedan asumir el sacrificio y el compromiso que requiere una agrupación.

Yo siempre digo que para tirar del carro de algo así tienes que ser muy carnavalero y sentirlo mucho. Puedes tener un compromiso, pero hay que implicarse. Y yo sabía que las ganas, el cariño y la ilusión que iba a poner en la agrupación no las iba a poner nadie.

Después de que Nico Delgado no pudiera continuar por sus compromisos, mi padre me dijo: «Venga, vamos a probar». Probamos, a la gente le gustó mucho y aquí estamos. Este será ya mi tercer año.

Desde tu experiencia, ¿cómo definirías una agrupación musical para alguien que no conozca esta modalidad y qué papel crees que juega dentro del Carnaval?

Es el tópico clásico decir que las agrupaciones musicales son una familia. Hoy en día lo escuchamos en las comparsas, en las murgas femeninas… Todo el mundo dice que son una familia.

Pero familia es familia. Y, de verdad, donde está la esencia de la familia y del Carnaval auténtico es en las agrupaciones musicales.

Me refiero al Carnaval tradicional de Santa Cruz. Antes de que existieran las modalidades tal y como las conocemos, el Carnaval ya estaba en la calle, en los clubes privados y en las familias. Se disfrazaban juntos, salían a la calle, iban a los clubes y se ponían a cantar y a parrandear juntos.

La agrupación musical nace precisamente de esa familia y de esa continuidad con el Carnaval. Esa es, para mí, la esencia del Carnaval de Santa Cruz.

En los últimos años parece que existe una evolución positiva en el concurso de agrupaciones musicales, con nuevas incorporaciones. ¿Cómo valoras este momento?

Yo ya venía viendo esto desde hace un par de años. Creo que la mejor época de las agrupaciones musicales todavía está por llegar.

En los años 80 y 90 hubo un boom de afición y de número de agrupaciones musicales. Fue una época muy buena, pero con los años se fue produciendo un desgaste.

Los carnavaleros van cumpliendo años, tienen trabajo, familia, responsabilidades… y llega un momento en el que no pueden mantener todos los compromisos.

También ha ocurrido que muchos murgueros han ido compartiendo el Carnaval con sus mujeres e hijos y han terminado acercándose a las agrupaciones musicales. Es una tendencia que veo muy positiva.

Ahora surgen dos agrupaciones musicales nuevas, una procedente de Sociedad Mamel’s y otra de Diablos Locos. Eso es muy positivo para nosotros. Van a aportar afición y ayudarán a que el recinto tenga cada vez más público.

El año pasado ya hubo un subidón brutal de espectadores y creo que la tendencia es muy positiva.

Además de la agrupación adulta, tenemos que hablar de Saborcito Isleño. ¿Cómo surge la idea de crear este nuevo proyecto infantil?

Aunque pueda parecer que acaba de empezar, Saborcito Isleño ya lleva tres años. Este será su tercer año saliendo.

El primer año se hizo el disfraz, pero Fiesta no tenía ningún hueco para meterlo en ningún sitio. Como no existía una referencia anterior de una agrupación musical infantil, tampoco había una subvención específica para nosotros. Hasta la fecha nos lo hemos costeado nosotros mismos.

Tampoco teníamos un lugar donde actuar. Los primeros años salimos en la Cabalgata y en diferentes espacios junto a otras formaciones infantiles.

El año pasado decidí subirlos al escenario durante la actuación que tuvimos en la Plaza de la Candelaria. Es una agrupación musical, no una comparsa con batucada y cuerpo de baile. A mí me gusta cantar y los padres quieren que sus hijos canten.

Fue la primera vez que los subimos a cantar y para ellos fue una auténtica gozada.

Este año, si todo sale como esperamos, se ha hablado en la Federación de Agrupaciones de que puedan participar en el concurso de agrupaciones musicales. La idea sería que salieran al principio, a modo de teloneros, como ocurre con las comparsas infantiles.

Podrían interpretar una o dos canciones y, si hay suerte, incluso llevarlo a la gala infantil. Sería muy bonito para dar visibilidad a la única agrupación musical infantil que existe.

¿Cuánto tiene que ver en Saborcito Isleño aquella experiencia que viviste tú de niño con Cañita Dulce?

Muchísimo. Saborcito existe gracias a las semillas que se sembraron en mí en 1987 y 1988 con aquella experiencia de Cañita Dulce.

Para mí fue algo súper bonito. Subirme al escenario y cantar formando parte de una agrupación de niños me marcó.

Cuando formamos Sabor Isleño en casa siempre tuvimos la ilusión de hacer una agrupación infantil, pero nunca terminábamos de dar el paso.

Todo cambió cuando fui padre. Tengo una niña de diez años y un niño de cinco y me hacía mucha ilusión que ellos pudieran vivir lo mismo que yo viví.

Se lo comenté en casa y a los niños les encantó la idea. Después empezamos a buscar amigos del colegio, compañeros de clase y, poco a poco, mediante el boca a boca, decidimos dar el paso.

Ha sido un crecimiento muy tímido, poco a poco, pero este año puede ser el más oficial, porque la gente va a poder verlo realmente como una agrupación infantil.

Saborcito Isleño tendrá su propio repertorio, independiente del de Sabor Isleño.

Sí. Sabor Isleño tendrá su concurso como siempre, mientras que Saborcito saldrá al principio del concurso general, a modo de telonero, con su propio repertorio.

¿Qué supone para ti asumir también la dirección artística de Saborcito Isleño? ¿Es muy diferente trabajar con niños que con adultos?

No tiene nada que ver. Estoy ahí con mil cosas.

Con los adultos dices: «Haz un la» y te hacen un la. Con un niño pequeño es mucho más complicado. Tienen que educar el oído y conseguir que canten bien, introducir armonías, reposiciones complicadas…

Hay que hacerlo todo mucho más sencillo y natural. Lo importante es buscar lo que podemos hacer para que suene bonito y que ellos lo disfruten.

Uno de los objetivos fundamentales será también crear cantera para las agrupaciones musicales del futuro.

Sí. Ese es uno de los motivos principales, aparte de la ilusión que me hace ver a mis hijos viviendo lo mismo que viví yo.

Lo que más tengo en la cabeza es que a esos niños les entre el gusanillo del Carnaval. Que digan: «¡Qué bonito! ¡Qué guapo!». Que vayan creciendo y que, cuando sean mayores, recuerden que formaron parte de esto.

Sin querer, estás creando un vínculo con las agrupaciones musicales y ellos lo están interiorizando.

¿Crees que Saborcito Isleño puede conseguir que niños que nunca habían vivido el Carnaval se enganchen a esta fiesta?

Totalmente. Quieras o no, ya les estás creando una fiebre y espero que la mantengan.

El día de mañana, si continúan en Sabor Isleño, en otra agrupación musical, en una murga o en cualquier otra formación, ya tendrán ese vínculo con el Carnaval.

Además, la mayoría de los niños que están en Saborcito, excepto mis hijos, que siempre se han disfrazado, no habían formado parte anteriormente del Carnaval.

Son niños de la clase de mis hijos que están viviendo el Carnaval por primera vez y están encantados.

Después de tantos años vinculado al Carnaval, ¿tendrá el 2027 un sabor especial para ti?

Sí, muchísimo. Será mi tercer año dirigiendo y tengo que superar el nivel del año pasado.

La verdad es que el año pasado estuvimos entre los premios y, para mí, siendo mi segundo año dirigiendo y teniendo todavía poca experiencia musical como director, estoy muy contento de haber entrado en los premios.

El reto es superar el año pasado y no va a ser fácil.

Además está Saborcito Isleño, que va a tener mucha más visibilidad. La gente va a poder verlo y tendremos que conseguir que los niños den una buena imagen, que se vean bien y que canten bien.

Por todo eso va a ser un año muy especial.

Y hay otro motivo familiar que hará todavía más especial el próximo Carnaval.

Sí. El año que viene, en 2027, mi padre cumple 60 años en el Carnaval.

Imagínate. Yo le dije: «¡No me digas eso!». Él empezó en 1967, en Los Mili Locos, así que en 2027 cumple 60 años de Carnaval.

Por eso será un año triplemente especial para mí.

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