
El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2027 comienza a desvelar poco a poco a los protagonistas que aspiran a poner imagen a una edición marcada por el lema «Roma Eterna: El Imperio del Carnaval». Entre las cinco propuestas finalistas se encuentra la de Juliana Serrano, artista plástica y creadora que repite presencia en la fase decisiva del concurso.
Polifacética y vinculada al Carnaval desde pequeña, Serrano ha desarrollado su trayectoria en disciplinas como la pintura, la dirección artística, la escenografía, el vestuario, el atrezo y el diseño. Su relación con la fiesta chicharrera también se ha desarrollado desde los talleres y el trabajo junto a grandes diseñadores, además de participar en proyectos vinculados a trajes de Reina, escenarios y murgas.
Por segundo año consecutivo, su propuesta se encuentra entre las cinco elegidas. En esta entrevista con Grupo EnMascarada Carnaval, nos acerca a su trayectoria, a su manera de entender la fiesta y al concepto que hay detrás de su candidatura, aunque, como ella misma reconoce, todavía hay secretos que tendrán que esperar.
Para empezar, ¿quién eres y cómo te presentarías a alguien que todavía no conoce tu trayectoria artística o profesional?
Soy Juliana Serrano, artista plástica y creadora. Me considero bastante polifacética porque nunca he conseguido quedarme en una sola disciplina, y la verdad es que tampoco quiero. He trabajado en pintura, dirección artística, escenografía, vestuario, atrezo, diseño… y disfruto muchísimo pasando de una cosa a otra.
Creo que mi manera de trabajar tiene mucho que ver con eso: imaginar algo y buscar la forma de hacerlo realidad, ya sea con un pincel, construyendo una escenografía o creando un personaje. Soy muy de taller, de mancharme las manos, de probar, equivocarme, desmontar y volver a empezar. Al final, más que definirme por una disciplina concreta, me definiría simplemente como alguien que necesita crear.
¿Qué significa para ti que tu propuesta haya sido seleccionada entre las cinco finalistas del cartel del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2027?
Para mí significa muchísimo, y además este año lo vivo de una manera especial porque es la segunda vez consecutiva que consigo estar entre los cinco finalistas.
Cuando te presentas a un concurso como este sabes que hay muchísimos artistas detrás, muchas propuestas y maneras completamente diferentes de entender el Carnaval. Que por segundo año un jurado haya considerado que mi trabajo merece estar ahí es una alegría enorme.
Y también da un poquito de vértigo, no voy a mentir. Jajaja. Pero sobre todo tengo muchísimas ganas de que llegue el momento de poder enseñarlo y que la gente pueda opinar, que al final también forma parte del Carnaval.
¿Qué relación tienes con el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife?
Mi relación con el Carnaval viene desde pequeña y ha ido creciendo conmigo. He tenido la suerte de empezar muy joven trabajando al lado de grandes diseñadores, y puedo decir que muchísimo de lo que sé de este mundo lo aprendí precisamente ahí, viendo trabajar, ayudando y metiéndome poco a poco en los talleres.
Después llegaron mis propios trabajos: trajes de Reina del Carnaval, escenarios, murgas y proyectos muy diferentes relacionados con la fiesta.Por eso siento que conozco el Carnaval desde las tripas, no solamente desde lo que vemos cuando todo está terminado y precioso. Sé las horas que hay detrás de un traje, de una fantasía o de una escenografía; las noches sin dormir, los nervios y también esa sensación maravillosa cuando finalmente sale a la calle.
Y además sigo viviéndolo como una carnavalera más, porque antes que artista también soy público. Me gusta la calle, la fiesta y ese Carnaval que pertenece a todo el mundo.
¿Qué te llevó a presentarte este año al concurso después de haber sido finalista también el pasado año?
Haber sido finalista el año pasado, evidentemente, me dejó con ganas de volver a intentarlo. Cuando te quedas tan cerquita siempre aparece ese: “Bueno… ¿y por qué no otra vez?”.
Pero tampoco quería presentarme por presentarme. Necesitaba que apareciera una idea que realmente me apeteciera defender y, sobre todo, pintar.
Porque mi propuesta no nace como una composición digital: es una obra pictórica, existe físicamente. Hay un soporte real, pintura, pinceles, capas, manchas, correcciones… Es un cuadro.
Cuando conocí «Roma Eterna: El Imperio del Carnaval» encontré además una temática que me permitía ir más allá de la estética romana y hablar de los pilares sobre los que se sostiene nuestro Carnaval, de toda esa gente y esos colectivos que llevan generaciones construyéndolo y haciendo posible que evolucione sin perder su esencia.
Ahí apareció la imagen que quería pintar. Y cuando una imagen se me mete así en la cabeza, ya no tengo mucho remedio. Jajaja.
El lema de 2027 es «Roma Eterna: El Imperio del Carnaval». ¿Qué significa para ti esta temática?
Lo que más me gustó del tema fue precisamente esa idea de mirar hacia los orígenes y, al mismo tiempo, hacia el futuro.
«Roma Eterna» habla de un imperio, pero yo enseguida pensé en qué hace realmente eterno al Carnaval de Santa Cruz. Y para mí son sus pilares: las murgas, las comparsas, las rondallas, las agrupaciones, las reinas, las mascaritas, los diseñadores, los artesanos y, por supuesto, la gente de la calle. Generaciones y generaciones que han ido construyendo esta fiesta y que permiten que evolucione sin perder su esencia.
Eso fue lo que realmente me interesó. Roma me daba el escenario perfecto para hablar de algo muy nuestro.
Y además pensé que Roma podía dar muchísimo juego si conseguía alejarme un poquito de la parte solemne del Imperio. Porque esto es Carnaval… aquí un poquito de cachondeo tiene que haber. Jajaja.
Sin desvelarnos tu propuesta, ¿qué concepto o mensaje te gustaría que el público descubriera cuando finalmente pueda verla?
Me gustaría que descubrieran, por encima de todo, un homenaje a quienes sostienen el Carnaval y a ese espíritu chicharrero que ha sido una de mis grandes fuentes de inspiración para esta obra.
Porque el Carnaval de Santa Cruz no se sostiene solo con grandes galas o con lo que vemos durante unas semanas al año. Se sostiene gracias a muchísima gente que lo lleva dentro y que trabaja durante meses para que exista: los grupos, los artistas, los artesanos, los diseñadores, las familias que pasan horas en los locales y en los talleres, quienes llevan toda una vida saliendo en Carnaval y quienes empiezan ahora y garantizan que todo esto continúe. Hay generaciones enteras detrás de esta fiesta, y eso me parece muy emocionante.
Quería que de alguna manera todos ellos estuvieran presentes en el espíritu de la obra, porque son quienes consiguen que el Carnaval siga vivo, evolucione y continúe siendo nuestro.
Y después está el humor, que para mí era fundamental. Trasladar el humor a un lienzo es bastante más difícil de lo que parece. Una cosa es contar un chiste o crear una situación cómica en movimiento y otra conseguir que una imagen fija, pintada, tenga gracia, que provoque una sonrisa sin caer en lo fácil.
Creo que ahí aparece también muchísimo ese espíritu chicharrero: esa capacidad que tenemos de reírnos, de exagerar, de transformarnos y de no tomarnos demasiado en serio durante unos días.
Quería hacer un homenaje sentido a nuestra gente, sí, pero contándolo con una sonrisa. Porque no se me ocurre una manera más nuestra de hablar del Carnaval.
¿Cómo definirías tu estilo artístico y qué crees que puede diferenciar tu propuesta?
Me cuesta muchísimo definirme porque hago cosas muy diferentes. Creo que soy bastante polifacética y dependiendo del proyecto puedo moverme por sitios completamente distintos.
Pero sí hay algo que se repite mucho en mi trabajo: me gusta contar historias. Soy muy de personajes, de gestos, de detalles, del humor y también tengo una parte bastante teatral.
No me interesa demasiado hacer una imagen simplemente bonita. Me gusta que estén pasando cosas, que haya algo que contar y, sobre todo, que la obra tenga personalidad. Luego que guste más o menos ya es otra historia, porque para gustos están los colores… y en Carnaval, unos cuantos. Jajaja.
El concurso exige desarrollar una imagen gráfica completa a partir de la propuesta inicial. ¿Qué supone para ti construir toda la identidad visual de un Carnaval?
Para mí está siendo un reto enorme, precisamente porque yo soy fundamentalmente artista plástica. Mi terreno natural son mis pinceles, la pintura, construir una imagen con las manos.
De repente tener que coger todo ese universo que tengo en la cabeza y trasladarlo a una imagen gráfica completa, pensando cómo funciona en una marquesina, en una entrada, en una acreditación, en redes, en merchandising o por toda una ciudad, supone muchísimo trabajo y me obliga también a pensar de otra manera.
Pero también me está gustando el reto. Estoy intentando llevar mi lenguaje plástico al terreno gráfico sin perder mi esencia. Y aunque a veces me pelee un poquito con el proceso, jajaja, le estoy poniendo exactamente las mismas ganas que cuando me pongo delante de mis pinceles.
Si tu cartel resulta elegido y acaba representando todo el Carnaval 2027, ¿qué te gustaría que quedara en la memoria de los carnavaleros?
Me encantaría que dentro de muchos años alguien lo viera y dijera inmediatamente: «¡Ese fue el Carnaval de 2027!».
Creo que los carteles de Carnaval terminan convirtiéndose en pequeñas cápsulas del tiempo. Ves algunos carteles antiguos y enseguida recuerdas una época, un Carnaval, una gala, con quién salías entonces o cualquier tontería que forma parte de tu propia vida.
Si tuviera la suerte de que mi propuesta fuera elegida, me gustaría que pasara eso. Que la gente la hiciera suya y que con los años no fuera solamente «mi cartel», sino una imagen que les recordara a su Carnaval de 2027.
Eso sería precioso.
Y para terminar, sin hablar de tu cartel… ¿por qué debería el público tener curiosidad por conocer tu propuesta?
Porque creo que mi Imperio romano tiene bastante más de Santa Cruz que de Roma. Jajaja.
Y hasta ahí puedo contar, que después me riñen.
Solo puedo decir que está hecho desde el cariño que le tengo al Carnaval, desde mi manera de entenderlo y, sobre todo, con bastante sentido del humor.
Me gustaría que cuando por fin se descubra la gente se acerque, mire, encuentre detalles, reconozca cosas nuestras y se sienta un poquito dentro de la historia.
Y si alguno se ríe cuando lo vea, mejor todavía. Eso significará que algo hemos hecho bien.