La ciudad de Arrecife ha saldado una deuda con uno de sus vecinos más ilustres. El Pleno del Ayuntamiento aprobó dedicar un callejón a Antonio Corujo, Hijo Predilecto de Lanzarote, en el mismo lugar donde durante décadas ejerció su profesión de barbero y convirtió su establecimiento en un auténtico centro de convivencia, cultura y tradición popular.
El callejón, ubicado donde estuvo su emblemática barbería, inmortaliza la figura de un hombre cuya vida estuvo profundamente ligada a la música, al folclore y al Carnaval. Más que un espacio de trabajo, aquel pequeño local fue durante años un punto de encuentro donde vecinos, músicos, verseadores y amigos compartían coplas, anécdotas y el amor por las costumbres de Lanzarote.
La noticia ha sido recibida con enorme emoción por su familia, que ha querido expresar públicamente su agradecimiento por el reconocimiento institucional.
“Nos llena de orgullo que el callejón donde nuestro padre y abuelo tuvo su barbería lleve ahora su nombre y nos emociona que el espacio en el que compartía su arte y su forma de ver la vida quede para siempre ligado a su memoria”, señalan los familiares en una nota hecha pública tras la aprobación del acuerdo.
Asimismo, agradecen el impulso recibido para hacer realidad este homenaje, destacando la iniciativa de Miguel Ángel Cabrera González, el apoyo de Jaime Abdul-Jalbar Martín en la presentación de la propuesta y la decisión del Ayuntamiento de Arrecife de respaldarla de forma definitiva.
La familia también quiso hacer extensivo su agradecimiento a todas aquellas personas que, de una u otra manera, compartieron momentos con Antonio Corujo. “Mandamos todo nuestro cariño a quienes alguna vez encontraron en Antonio Corujo compañía, sabiduría y amistad verdadera”, destacan.
Un guardián de la identidad cultural canaria
Antonio Corujo (San Bartolomé, 1933) dejó una huella imborrable en la cultura de Canarias. Criado en una familia profundamente vinculada al folclore, creció entre la música tradicional y la barbería familiar, un entorno donde las coplas, los versos improvisados y las historias populares formaban parte de la vida cotidiana.
Su compromiso con la conservación de las tradiciones lo convirtió en uno de los grandes divulgadores de la cultura popular lanzaroteña. Fue una figura decisiva en la recuperación y difusión de la obra del poeta Víctor Fernández Gopar, “El Salinero”, llevando sus versos a colegios, escenarios y encuentros culturales de todo el archipiélago.
Miembro de una familia con una larga tradición musical —su abuelo y su padre formaron parte de los Ranchos de Pascua y de la Agrupación Folclórica Ajei—, Antonio Corujo también integró la histórica Parranda de Los Buches y compartió escenario con algunos de los músicos más destacados de Canarias.
Su carrera artística lo llevó a actuar en numerosos países, siempre llevando por bandera el nombre de Lanzarote y el patrimonio cultural del archipiélago.
Una voz que también latía al ritmo del Carnaval
Aunque el folclore fue el eje principal de su trayectoria, Antonio Corujo nunca ocultó su pasión por el Carnaval. Su forma de entender la música popular hizo que también participara en diferentes iniciativas vinculadas a la fiesta más emblemática de Canarias.
Uno de los ejemplos más recordados fue su participación en la versión del himno del Carnaval interpretada junto al timplista Toñín Corujo y la batucada Villa Pipol, una propuesta que logró una extraordinaria acogida en las redes sociales y demostró que el sonido del timple podía fusionarse con la fuerza y el ritmo carnavalero sin perder la esencia de las raíces canarias.
Ese espíritu festivo y su defensa permanente de la cultura popular hicieron de Antonio Corujo una figura muy querida también entre los aficionados al Carnaval, donde siempre encontró un espacio para reivindicar la identidad y las tradiciones de las islas.
Un legado que permanecerá para siempre
La inauguración de este callejón supone mucho más que la colocación de una placa en el callejero de Arrecife. Representa el reconocimiento a toda una vida dedicada a la música, a la transmisión del patrimonio inmaterial de Canarias y a los valores de la cercanía, la amistad y la generosidad.
A partir de ahora, quienes recorran ese rincón de la capital lanzaroteña encontrarán mucho más que un nombre. Encontrarán el recuerdo de un hombre que hizo de su barbería un hogar para la cultura, de su voz un símbolo del folclore canario y de su pasión por la música y el Carnaval un legado que seguirá vivo en la memoria colectiva de Lanzarote.