La esencia del Carnaval no solo se vive en las calles durante el mes de febrero, sino que se construye cada día en los barrios, en los ensayos y en los espacios que acogen a quienes mantienen viva la tradición. La reciente rehabilitación del antiguo colegio de María Jiménez, que se convertirá en la nueva sede de la murga infantil Sofocados, es el mejor ejemplo de cómo la fiesta grande de Canarias trasciende lo efímero para echar raíces profundas en el corazón de las comunidades.
Una inversión histórica para la cantera del Carnaval
El edificio, que durante más de una década presentaba un estado de abandono con fachadas apuntaladas y zonas acordonadas por seguridad, ha sido recuperado por completo gracias a una inversión cercana al medio millón de euros. Las obras, ejecutadas en el plazo de un año, han transformado por completo la estructura, devolviendo la vida a un inmueble cargado de simbolismo para el barrio y para el Carnaval chicharrero.
Javier Rivero, concejal de Patrimonio, ha mostrado su satisfacción por el resultado: “Le hemos puesto mucho cariño a este proyecto porque estamos hablando de la cantera del Carnaval y tenemos que cuidarla”. El edil confirmó que los trabajos están en su recta final, y que el espacio se entregará a finales de julio para que los pequeños murgueros puedan iniciar allí sus ensayos de cara al Carnaval de 2027.
El legado de “El Compi” preside el nuevo espacio
Uno de los detalles que mayor emoción despierta al recorrer las nuevas instalaciones es el fresco de Jesús Tosco, conocido cariñosamente como “El Compi”, fundador y alma de Sofocados, fallecido hace casi 24 años. Su mirada presidirá la sala principal de ensayos, como un guardián eterno que sigue velando por cada niño que cruza la puerta, por cada generación que continúa escribiendo la historia de esta murga infantil que nació hace 44 años en el barrio de María Jiménez.
Paola Tosco, hija del fundador, ha expresado su emoción ante la rehabilitación, consciente de que el nuevo local es mucho más que un edificio: es el mejor homenaje posible a la ilusión que su padre sembró hace más de cuatro décadas. El próximo 25 de julio, fecha en la que se conmemora su fallecimiento, se espera que la murga pueda estrenar oficialmente su hogar, cerrando así un círculo de cariño y reconocimiento.
Un espacio concebido para la fiesta y la comunidad
El resultado de la rehabilitación poco tiene que ver con la imagen de deterioro que presentaba el inmueble hace apenas un año. El Ayuntamiento apostó por preservar este edificio ligado a la memoria del barrio en lugar de optar por el derribo, adaptándolo a las necesidades del colectivo carnavalero.
La redistribución interior ha permitido habilitar:
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Una amplia sala de ensayos en la planta baja, completamente accesible y equipada con un baño adaptado.
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Varias dependencias en la planta alta destinadas a talleres de costura, almacenaje de vestuario y preparación de fantasías.
Durante el diseño del proyecto, los responsables de Sofocados mantuvieron reuniones con el Ayuntamiento para adaptar cada rincón a las necesidades reales de la murga, buscando un equilibrio entre funcionalidad, comodidad y seguridad. Durante el tiempo que duraron las obras, los ensayos se trasladaron provisionalmente a la sede de la Asociación de Vecinos del barrio, pero ahora los niños recuperarán un espacio concebido exclusivamente para ellos.
Sofocados: mucho más que una murga
La recuperación de la antigua escuela supone también un reconocimiento a la historia de un barrio que encontró en la murga infantil uno de sus principales elementos de cohesión social. Desde aquella iniciativa impulsada por Jesús Tosco hace más de 40 años, cientos de niños han encontrado en Sofocados un espacio de convivencia, aprendizaje y crecimiento personal, mucho más allá del propio Carnaval.
Este nuevo espacio no solo garantiza el futuro de la murga, sino que asegura que la cantera del Carnaval siga creciendo en condiciones dignas. El edificio, que antes era un símbolo de abandono, se convierte ahora en un faro de esperanza para las futuras generaciones, un lugar donde la ilusión de los más pequeños podrá seguir brillando con la fuerza que caracteriza a la fiesta canaria.
La murga infantil Sofocados, con su nueva sede, se prepara para seguir escribiendo su historia, con la certeza de que el Carnaval es mucho más que una fiesta: es identidad, es comunidad y es un legado que se transmite de generación en generación. Y en cada ensayo, en cada nota, en cada risa de los niños que llenen sus salas, el espíritu de “El Compi” seguirá presente, recordándonos que la verdadera grandeza del Carnaval está en su capacidad para unir, ilusionar y transformar los barrios.