Han pasado 45 años desde que aquel grupo de visionarios decidió convertir el despropósito en arte. La murga Los Intoxicados, una de las formaciones con más solera del Carnaval Canario, acaba de lanzar un mensaje cargado de emoción y orgullo en el que confirma que la llama no se ha apagado: «La historia continúa… 45 años después seguimos cantando, soñando y haciendo vibrar cada rincón con nuestra locura murguera».

El comunicado, difundido a través de sus perfiles oficiales, no es una felicitación cualquiera. En él, la agrupación pone el foco en un nombre propio: Pablo Moreno, su armonizador. Según explican los propios integrantes, este músico se ha convertido en una pieza fundamental del engranaje, ese que «hace que cada tema cobre vida». La mención, acompañada de símbolos de fuego y afecto, revela hasta qué punto la figura del armonizador es valorada dentro del colectivo como alma técnica y emocional de cada actuación.

Historia viva y familia

Pero el anuncio va más allá de la efeméride. Los Intoxicados quieren dejar claro que su identidad no se sostiene únicamente sobre los escenarios o los repertorios. «Porque “Los Intoxicados” no son solo una murga… son historia viva y familia», señala el texto, en el que no faltan corazones, estrellas y referencias a un vínculo que trasciende lo artístico.

La expresión «historia viva» no es una hipérbole. Nacidos hace casi medio siglo, esta murga ha atravesado diferentes épocas del Carnacho canario, desde los escenarios más castizos hasta las grandes galas televisadas, pasando por crisis, renovaciones y la irrupción de nuevas generaciones. Mantenerse activo durante 45 años exige no solo talento, sino una capacidad de reinventarse sin perder el sello propio. Y en ese equilibrio, el sentido de comunidad interna —ese «somos familia»— ha sido clave.

El papel del armonizador en la murga

La mención especial a Pablito como «la pieza clave» invita a reflexionar sobre un rol a menudo invisible para el gran público. El armonizador no es el director de la murga ni el autor de las letras, pero su trabajo sobre las voces —afinando, ajustando matices, logrando que decenas de personas canten como una sola— resulta determinante para que una actuación emocione o pase inadvertida. En una murga, donde la potencia y la sátira se combinan con exigencias técnicas notables, contar con un armonizador estable y comprometido marca la diferencia entre la afición y la excelencia.

Los Intoxicados, al visibilizar a Pablito en este anuncio de aniversario, están reconociendo algo profundo: que el éxito colectivo nunca es anónimo, sino que se construye con nombres y apellidos, con personas que ensayan cuando otros descansan y que encuentran en cada acorde una razón para seguir.

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