El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife sigue creciendo. Y lo hace, además, con una fuerza que ilusiona: la aparición de nuevos grupos, el regreso de proyectos que llevaban años ausentes y el empuje constante de las murgas del norte de la isla. Sin embargo, este crecimiento también plantea una pregunta inevitable: ¿caben todos?
Las previsiones apuntan a que el número de murgas adultas podría superar con creces las 26 agrupaciones que actualmente tienen cabida en las cuatro fases del concurso. Una cifra que ya de por sí supone un reto organizativo, pero que empieza a quedarse corta ante la realidad del carnaval actual.
Ante este escenario, surge una propuesta que merece ser analizada con seriedad: la creación de unas preliminares murgueras.
No se trata de excluir, sino de ordenar. De buscar un sistema que permita dar oportunidad a todos sin comprometer el nivel y la calidad de un concurso que es referente dentro y fuera de Canarias. Porque, seamos claros, no todas las murgas parten del mismo punto.
Por un lado, están aquellas agrupaciones consolidadas, con años de experiencia, premios recientes y un nivel contrastado sobre el escenario. Por otro, aparecen nuevas murgas o formaciones que regresan tras un tiempo sin participar, muchas de ellas con ilusión, pero aún en proceso de consolidación.
¿Es justo que todas compitan en igualdad de condiciones desde el primer momento? Probablemente no.
Las preliminares podrían ser una vía intermedia: un espacio donde las murgas noveles o de nueva incorporación demuestren su valía antes de acceder a las fases principales. No como un filtro excluyente, sino como una oportunidad para ganarse un puesto en el concurso grande.
De esta forma, se evitaría que grupos con una trayectoria sólida tengan que “jugársela” desde el inicio en condiciones que no reflejan su recorrido, al mismo tiempo que se da cabida a nuevas propuestas sin saturar el formato actual.
Además, este sistema permitiría garantizar que las mejores murgas —en términos de nivel, preparación y espectáculo— sean las que lleguen a las fases principales, manteniendo así el prestigio del concurso.
El debate está sobre la mesa. Y aunque cualquier cambio genera dudas, lo cierto es que el carnaval, como expresión viva, debe adaptarse a su propio crecimiento.
La pregunta ya no es si habrá que hacer cambios, sino cuándo y cómo.
Porque si algo está claro, es que el Carnaval de Santa Cruz no deja de crecer… y necesita seguir haciéndolo sin dejar a nadie atrás.