El director artístico cierra la edición 2026 con un emotivo vídeo en el que visibiliza el sacrificio y la entrega del equipo de producción

Josué Quevedo ha elegido un formato inusual para despedirse del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026. Lejos de los discursos protocolarios o las imágenes de los grandes momentos sobre el escenario, el director artístico ha recurrido a sus redes sociales para rendir homenaje a quienes, desde la sombra, hicieron posible que la fiesta brillara con luz propia.

En un vídeo publicado en su cuenta de Instagram, Quevedo ha puesto el foco en el equipo de Options Productions, el grupo humano que ha compartido con él un año especialmente exigente. Lo que podía haber sido un adiós convencional a su etapa al frente de la dirección artística se ha convertido en un emotivo reconocimiento al esfuerzo colectivo, dejando en un segundo plano los focos y los aplausos para centrarse en la realidad menos visible de la organización de un gran evento.

El peso de una temporada sin tregua

Quienes han seguido de cerca la edición de este año saben que la exigencia ha sido mayúscula. El propio Quevedo lo ha recordado en su mensaje al mencionar que el equipo tuvo que afrontar “tres Navidades y dos carnavales” en un periodo de tiempo concentrado, una carga de trabajo que, según admite, llevó a momentos de agotamiento tanto físico como emocional.

“Y no voy a mentir, hubo momentos en los que pesaba, momentos de cansancio, de presión, de silencio, de eso es lo que te preguntas si vas a poder con todo”, confiesa en la grabación. Su tono, alejado de cualquier impostación, busca reflejar la cara menos amable de una producción de gran formato: jornadas interminables, decisiones bajo presión y una implicación que rara vez trasciende al público.

Lo que no se ve pero se siente

El mensaje de Quevedo se construye sobre una idea central: poner en valor “lo que no se ve, pero se siente”. Con esa premisa, el director artístico ha querido visibilizar el trabajo silencioso que sostiene cada gala, cada detalle y cada momento de magia que el público disfruta sin conocer el esfuerzo que hay detrás.

“Porque detrás de cada luz encendida hay horas invisibles, decisiones difíciles, renuncias que nadie ve y un corazón enorme que late por lo mismo”, reflexiona. Con estas palabras, el artista traslada el foco desde el brillo del escenario hacia el entramado humano que lo hace posible: técnicos, coordinadores, personal de producción y tantos otros nombres que nunca aparecen en los créditos visibles.

Un equipo que no falla

A lo largo de su intervención, Quevedo ha querido destacar por encima de todo el valor humano del grupo que le ha acompañado. Habla de un equipo “que no falla”, que aparece incluso sin ser llamado, que permanece cuando el resto se marcha y que sigue empujando en los momentos más difíciles.

En su descripción, ese conjunto de profesionales ha sido “el motor cuando faltaban fuerzas, la calma en medio del caos” y “la mano que empuja cuando todo parece cuesta arriba”. Son palabras que dibujan no solo un equipo de trabajo, sino una comunidad forjada en la adversidad y fortalecida por la confianza mutua.

Sacrificios y lealtad compartida

Uno de los aspectos más destacados de su despedida es el reconocimiento a los sacrificios personales que conlleva una producción de esta magnitud. Quevedo asegura haber visto de cerca ese esfuerzo en los rostros y en las actitudes de quienes lo han acompañado durante estos meses.

Habla del cansancio, sí, pero también de la capacidad para transformar los problemas en soluciones, del cuidado mutuo entre compañeros y de la habilidad para sacar adelante lo imposible sin necesidad de grandes gestos. Es precisamente ahí donde sitúa la esencia de lo vivido este año: en la unión, la lealtad y la resistencia compartida.

“No sé si somos conscientes de lo que hemos hecho, pero sí sé lo que somos. Un equipo de verdad, de los que no se rompen, de los que se sostienen, de los que dejan huella”, señala en uno de los pasajes más emotivos del vídeo.

Un cierre que mira al futuro

El mensaje concluye con un agradecimiento rotundo que rechaza cualquier protagonismo individual: “Esto no es mío, nunca lo ha sido, esto es de ustedes y de corazón, gracias por tanto”. Con estas palabras, Quevedo pone el broche a una edición que describe como exigente, intensa y emocionalmente profunda.

No se trata, sin embargo, de un adiós definitivo al Carnaval ni a su responsabilidad artística, sino del cierre de una etapa concreta. Su despedida suena a reconocimiento colectivo y también a punto y seguido. Tras la emoción del final, queda en el aire la pregunta que muchos se formulan: qué vendrá después de un año que ha dejado una huella tan profunda en quienes lo construyeron desde dentro.

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