Tras lo vivido en las últimas semanas, se hace evidente que el Concurso de Murgas del Carnaval de Santa Cruz atraviesa un momento de cambio que invita a la reflexión. La realidad actual del carnaval, lejos de estabilizarse, sigue creciendo, especialmente en lo que respecta a la creación de nuevas murgas, en particular femeninas.
Recientemente se ha conocido la aparición de dos nuevas formaciones, entre ellas Mamelonas, lo que incrementa aún más la participación. Este fenómeno, positivo desde el punto de vista creativo y cultural, también plantea un reto organizativo importante: el concurso podría contar en breve con más murgas femeninas que masculinas, algo que ya comenzó a vislumbrarse en la última edición.
No es un escenario desconocido. En el pasado concurso ya se alcanzaron las 21 murgas adultas, obligando a estructurar el certamen en cuatro fases. El objetivo fue hacerlo más dinámico, atractivo y llevadero para el público, evitando sesiones excesivamente largas que dificulten seguir cada actuación con la atención que merece.
Sin embargo, la situación podría complicarse aún más. Si se confirman las nuevas incorporaciones y el regreso de agrupaciones como Desbocados o Trabachones, el número podría ascender hasta las 25 murgas. Esto implicaría jornadas con siete actuaciones y otras con seis, alargando el concurso hasta la una o incluso las dos de la madrugada. Un formato que ya ha demostrado ser agotador tanto para el público como para los propios participantes.
Ante este panorama, es inevitable mirar hacia modelos como el del Carnaval de Cádiz, donde el concurso se estructura en distintas fases: preliminares, cuartos de final, semifinales y final. Inspirándose en este sistema, propongo una reorganización del concurso en Santa Cruz:
- Una fase preliminar de cuatro días, con una sola interpretación por murga.
- Semifinales y final, donde cada grupo pueda defender dos temas.
De esta forma, las murgas podrían presentar entre tres y cuatro temas en total, manteniendo la esencia del concurso pero haciéndolo más ágil, competitivo y atractivo para el público.
Pero más allá del formato, hay un aspecto aún más profundo: el carácter insular que está adquiriendo el concurso. Cada vez son más las murgas procedentes del norte y de distintos puntos de Tenerife que participan en el Carnaval de Santa Cruz. Este crecimiento, aunque enriquecedor, podría poner en riesgo la continuidad del concurso de murgas del norte.
Sería una pérdida importante. El equilibrio entre los distintos carnavales de la isla aporta diversidad, identidad y oportunidades para que las agrupaciones muestren su trabajo en diferentes escenarios. Lo ideal sería mantener un modelo en el que convivan el concurso de Santa Cruz, el del norte y los múltiples encuentros murguero en los municipios, donde se pone en valor el enorme esfuerzo que cada grupo realiza durante más de seis meses.
El carnaval evoluciona, y con él deben hacerlo sus estructuras. La clave está en crecer sin perder la esencia, en organizar sin saturar y en sumar sin restar espacios. Quizá ha llegado el momento de pensar el concurso no solo como un evento local, sino como un verdadero certamen insular, bien estructurado y preparado para el futuro.