La organización santacrucera afronta una semana decisiva para fijar las fechas de la próxima edición. El ajustado margen para los montajes, la coincidencia con el PIT y el efecto dominó sobre el resto de municipios de la Isla condicionan una decisión que podría alejarse por primera vez en años del calendario religioso.
Si se atendiera estrictamente a la tradición marcada por la Cuaresma, el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife debería levantar el telón el viernes 8 de enero. En esa fecha tendría lugar la gala inaugural y el sorteo del orden de desfile de las candidatas a reinas infantil, juvenil y adulta. Aunque el acto inicial no se celebraría en el recinto ferial, sí daría paso a los primeros concursos, con la fase inicial de murgas infantiles programada para el viernes 15 de enero.
Sin embargo, el calendario choca con un obstáculo de peso: el tiempo disponible. Entre el Día de Reyes y el arranque de las carnestolendas no habría margen suficiente para desmontar la estructura del PIT y levantar el decorado carnavalero, una operación que requiere semanas de trabajo. Esta realidad técnica sitúa a la organización ante un escenario complejo, con varias opciones sobre la mesa.
La posibilidad de mantener las fechas tradicionales se perfila como la menos factible. Quienes conocen los plazos de montaje aseguran que resultaría inviable. Una segunda alternativa pasaría por un retraso de una semana, aunque esta fórmula generaría agobios logísticos y dejaría poco margen para imprevistos. La opción que cobra fuerza es la de aplazar el inicio hasta el viernes 22 de enero, con la inauguración, y trasladar los concursos a la semana siguiente. De esta forma, la primera fase de murgas infantiles quedaría fijada para el viernes 29.
Esta última alternativa tiene un defensor convencido en el concejal de Fiestas, Javier Caraballero, quien siempre ha considerado que la franja que va desde la última semana de enero hasta finales de febrero es el marco ideal para garantizar los preparativos con todas las garantías. Sin embargo, el alcalde, José Manuel Bermúdez, ha mostrado tradicionalmente su preferencia por mantener la vinculación con el calendario religioso, un criterio que solo en esta edición podría verse alterado por los condicionantes técnicos.
Una decisión de este calado no afectaría únicamente a la capital tinerfeña. El resto de municipios de la Isla que celebran sus carnavales suelen coordinar sus fechas con las de Santa Cruz, tanto para poder contar con los grupos chicharreros como para evitar solapamientos. Un retraso de dos semanas en la capital provocaría, previsiblemente, un efecto dominó que obligaría a reajustar los calendarios en otras localidades. No ocurriría lo mismo con Los Indianos de Santa Cruz de La Palma, cuya organización ya ha confirmado que mantendrá la fecha tradicional del Lunes de Carnaval, el 8 de febrero.
El cambio supondría también desplazar hitos como el Miércoles de Ceniza, que pasaría a celebrarse el 10 de febrero, y el Entierro de la Sardina, que quedaría automáticamente retrasado quince días respecto a su ubicación habitual.
No es la primera vez que Santa Cruz se ve obligada a alterar sus fechas. La pandemia llevó la fiesta al mes de junio en aquel regreso a la denominada nueva normalidad. También a comienzos de siglo, con motivo del congreso de la Federación Europea de Ciudades del Carnaval, se programaron actos en verano sin que aquello desvirtuara el desarrollo ordinario de concursos y galas. Pero en esta ocasión, el motivo es puramente logístico.
El retraso, de confirmarse, aliviaría la presión sobre los plazos de montaje, pero no eximiría al equipo de Caraballero de introducir ajustes en el programa para cumplir con los compromisos adquiridos. Uno de los puntos que ya se ha comenzado a perfilar es el del concurso de agrupaciones musicales.
En la pasada edición, los colectivos de esta modalidad vieron cómo su certamen se trasladaba al domingo, una decisión que generó malestar entre quienes consideraban que “perdían su sábado”. Aquel cambio se debió a que las fases de murgas adultas se ampliaron de tres a cuatro jornadas, aprovechando que el lunes 2 de febrero era festivo. Este año no se dan las mismas circunstancias, y el concejal ha manifestado su intención de devolver a las agrupaciones musicales su espacio tradicional. La solución pasaría por concentrar las fases de murgas adultas entre domingo y miércoles, dejar el viernes para la final y recuperar así el sábado para el certamen de agrupaciones. Un primer movimiento en un calendario que aún está por definir.
