Miles de personas acompañan el cortejo fúnebre desde el parque Franchy Roca hasta la plaza de San Juan, donde las llamas devoran a una peculiar protagonista de escamas brillantes. El alcalde aprovecha la jornada para desvelar la temática de 2027: ‘El Séptimo Arte’
Si el Carnaval es una gran representación de la vida, su final no podía ser menos teatral. Este miércoles, el casco histórico de Telde se convirtió en un escenario de luto fingido, humor desbordante e imaginación popular para despedir por todo lo alto las carnestolendas con el tradicional Entierro de la Sardina. Una cita que, una vez más, demostró que la ciudad no solo sabe vivir la fiesta, sino también decirle adiós con una sonrisa cómplice.
Poco antes de las siete de la tarde, el parque Franchy Roca comenzó a llenarse de un gentío dispuesto a formar parte del cortejo fúnebre más esperado del año. Viudas desconsoladas, plañideras de pega y personajes de lo más variopinto se dieron cita para arropar a la gran dama de la jornada: una sardina de proporciones fantásticas cuya historia, según la leyenda urbana del carnaval, había comenzado horas antes en las costas de Tufia.
El insólito origen de una protagonista con carisma
Los asistentes no pudieron ocultar su sorpresa al conocer el particular periplo de la sardina. La tradición oral del carnaval, hábilmente alimentada por la Concejalía de Festejos, contaba que el pez había aparecido en la mañana del miércoles varado en la playa de Tufia, con una expresión de incredulidad grabada en sus escamas: un “no puedo creer que esto esté pasando” que los artistas locales habían sabido plasmar con ingenio. Su acabado, con destellos luminosos y una textura brillante, la convertían en una pieza única, muy alejada de la típica imagen del pescado sin vida.
Esta original puesta en escena, que el área de Festejos que dirige Miguel Rodríguez puso en marcha el año pasado, se ha consolidado ya como el pistoletazo de salida para la parte más desenfadada y creativa del adiós al carnaval. Un acierto que, a juzgar por la expectación generada, ha venido para quedarse.
Un recorrido de honras fúnebres por el corazón de la ciudad
El séquito, encabezado por la sardina sobre su carroza, emprendió entonces un viaje por las arterias principales del municipio. El llanto fingido y las carcajadas se entremezclaron a lo largo de un itinerario que discurrió por vías tan emblemáticas como la calle María Encarnación Navarro, Rivero Bethencourt, la Plaza de San Gregorio, la Avenida de la Constitución o las Ramblas de Arnao, entre otras. Una serpiente multicolor de disfraces que tiñó de jolgorio cada rincón del casco histórico.
El punto culminante de la peregrinación llegó en la plaza de San Juan, donde el cortejo se detuvo para el último responso. Entre risas contenidas y un silencio solo roto por las exclamaciones de los presentes, las llamas hicieron su trabajo y devoraron a la sardina, poniendo el punto y final simbólico a los excesos del carnaval. Un acto catártico que, lejos de la tristeza, fue recibido con aplausos y vítores.
El séptimo arte ya tiene su sitio en 2027
Pero la noche no solo fue de despedidas, sino también de anuncios. En un alto del recorrido, el alcalde de la ciudad, Juan Antonio Peña, quiso aprovechar la complicidad del momento para revelar cuál será el hilo conductor del Carnaval de Telde en 2027. Tras una consulta popular realizada a través del canal municipal de WhatsApp, la ciudadanía ha hablado: ‘El Séptimo Arte: ¡Luces, cámara, carnaval!’ será la alegoría que inspire los disfraces, las carrozas y el espíritu de la próxima edición. Un guiño al mundo del cine que promete llenar las calles de estrellas, claquetas y escenas de película.
El concejal de Festejos, Miguel Rodríguez, visiblemente satisfecho por la respuesta masiva de la ciudadanía, quiso poner en valor el éxito de la convocatoria. “La sardina de este año”, declaró, “ha sido el broche de oro perfecto. Ha representado como ninguna la mezcla de tradición, ese punto de locura creativa y el sentido del humor que define a nuestro carnaval”. Un broche, sin duda, a la altura de una fiesta que se niega a desaparecer sin antes ofrecer un espectáculo memorable.