La murga, formada por 18 usuarios del municipio, ofreció un entrañable espectáculo con nuevas letras y un mensaje claro: la fiesta no entiende de edades.
El Centro de Mayores de Telde vivió una mañana de esas que se quedan grabadas en la memoria. La murga Los Tutti Frutti, compuesta por 18 personas mayores del municipio, salió a escena convertida en princesas y príncipes ranas para presentar su repertorio de nuevas letras, demostrando que el ingenio, la crítica constructiva y la alegría siguen muy vivos entre los más veteranos.
Bajo la dirección de Salvador Santana, la agrupación derrochó tablas y complicidad sobre las tablas, regalando a familiares, amigos y usuarios de la Residencia de Taliarte un espectáculo cargado de color, humor y momentos de auténtica emoción. Cada estrofa, cada disfraz y cada gesto sobre el escenario fueron recibidos con aplausos y sonrisas cómplices por un público que no dudó en rendirse ante el carisma de estos carnavaleros de pro.
Las Golisnionas abrieron el telón
La cita contó además con la participación especial de la murga Las Golisnionas, que ejerció de telonera en un encuentro que, edición tras edición, se consolida como uno de los más emotivos del Carnaval de Telde. La combinación de ambas agrupaciones sobre el escenario puso de manifiesto que la fiesta, cuando se vive con autenticidad, no entiende de generaciones ni barreras.
31 años de historia y tradición
Los Tutti Frutti llevan nada menos que 31 carnavales celebrando la vida desde el humor y la sátira, convirtiéndose en un referente dentro del panorama murguero del municipio. Lo suyo no es solo cantar: es crear comunidad, tender puentes entre el pasado y el presente, y recordar a todos que el espíritu carnavalero se lleva en el alma, sin importar la edad que figure en el carné de identidad.
La jornada volvió a demostrar que detrás de cada disfraz y cada letra hay mucho más que una actuación: hay ensayos, convivencia, esfuerzo colectivo y, sobre todo, unas ganas inmensas de seguir formando parte de la gran familia del Carnaval.
Una mañana de esas que reconcilian con la vida y con la fiesta. Porque si algo dejó claro Los Tutti Frutti es que, cuando se trata de celebrar, la experiencia es siempre un grado.