La alerta meteorológica obliga a suspender el tradicional Entierro, pero la verbena popular mantiene vivo el espíritu carnavalero con música, disfraces y una alta participación ciudadana.
La localidad de El Cruce de Arinaga demostró anoche que el Carnaval es mucho más que actos programados. Pese a que las fuertes rachas de viento obligaron a suspender el tradicional Entierro de la Sardina, el espíritu de la fiesta se mantuvo intacto gracias a la verbena popular que llenó de color y alegría las calles del municipio.
Vecinos y visitantes, lejos de amilanarse por las adversas condiciones meteorológicas, respondieron con entusiasmo a la convocatoria festiva. Disfraces, música y un ambiente de auténtica celebración se adueñaron de la noche, demostrando que cuando el Carnaval se siente de verdad, ni el viento puede apagarlo.
La fiesta por encima de las circunstancias
La decisión de suspender el Entierro de la Sardina, adoptada por las autoridades municipales en base a la alerta por fuertes vientos, no logró frenar las ganas de fiesta de los carnavaleros. La verbena, que se mantuvo como acto principal de la noche, se convirtió en el epicentro de una celebración que prolongó la magia del Carnaval más allá de lo previsto.
La música y el baile tomaron el relevo de la tradicional comitiva fúnebre, y los asistentes, lejos de mostrar decepción, se volcaron en una velada que muchos calificaron como “inolvidable”. Las calles de El Cruce de Arinaga se llenaron de grupos de amigos, familias y comparsas improvisadas que convirtieron la noche en una auténtica fiesta popular.
El Carnaval lo hacen las personas
Una vez más, los vecinos y vecinas de la localidad demostraron que el éxito del Carnaval no depende exclusivamente de los actos programados, sino de las personas que lo sienten y lo viven. La respuesta masiva a la verbena, pese a las inclemencias del tiempo, es el mejor ejemplo de que la tradición carnavalera está más viva que nunca en El Cruce de Arinaga.
Desde la organización quisieron agradecer la participación y el buen ambiente de todos los asistentes. “Gracias a todas y todos los que participaron e hicieron posible que, pese a las circunstancias, lo celebráramos”, señalaron visiblemente emocionados.
El Carnaval de El Cruce de Arinaga cierra así una edición atípica, marcada por el viento, pero también por la capacidad de resistencia y la alegría de un pueblo que se niega a dejar de celebrar. La sardina no ardió, pero la fiesta, desde luego, no se apagó.