El reconocido director musical, vinculado a formaciones como Lenguas Largas, Los Trabas, Caraduras, Ni Pico Ni Corto y Los Avispados, pasa el testigo a su hermano tras una vida dedicada al Carnaval más auténtico.
Hay despedidas que duelen más que otras. Y la de Miguel Díaz es de esas que dejan huella. Tras más de quince años vinculado al mundo de las murgas como director musical, letrista y alma de múltiples proyectos, Díaz ha anunciado que deja atrás los focos y la responsabilidad de liderar una agrupación. Lo hace, eso sí, con la satisfacción del deber cumplido y con la certeza de que la semilla plantada seguirá creciendo.
“Hoy es uno de esos días que se quedarán grabados en mi memoria para siempre”, arranca en un emotivo mensaje en el que repasa una trayectoria que comenzó en 2008 y que le ha llevado a formar parte de algunas de las murgas más queridas del Carnaval. “Cuando sabes que llega el momento de pasar el testigo, aunque quieras aferrarte, sabes que debes hacerlo”, reflexiona.
Los inicios: Lenguas Largas y Los Trabas
El camino de Miguel Díaz en el mundo murguero arrancó en 2008, cuando le ofrecieron la dirección musical de la murga infantil Lenguas Largas. Aquella primera experiencia, recuerda, le dejó grandes amigos y recuerdos imborrables. Pero ese mismo año la vida le tenía preparada una doble oportunidad: también se convirtió en director musical de Los Trabas, una formación con la que compartió dos años “maravillosos, no exentos de apuros y de lucha para poder salir al Carnaval”.
Aquellos inicios marcaron su forma de entender la murga: esfuerzo, pasión y compromiso. Valores que nunca abandonaría.
El sueño cumplido: Caraduras
Tras un paréntesis en 2009 motivado por el nacimiento de su hija, Miguel regresó con fuerza en 2011 para cumplir uno de los sueños de su infancia: sacar adelante la murga de su padre, de sus tíos, de su familia. Los Caraduras, aquella formación que había salido al Carnaval en los años 70, volvía a la vida de la mano de los descendientes de sus fundadores.
“Fueron cuatro años increíbles en los que, gracias a la murga, nos juntamos los hermanos, primos y demás familia. En definitiva, los descendientes de aquellos Caraduras”, evoca con emoción. Aquella etapa representó la conexión entre generaciones, el orgullo de mantener vivo un legado familiar.
De Los Que Son a Ni Pico Ni Corto
Tras su paso por Caraduras, Miguel vivió otra experiencia enriquecedora en la murga Los Que Son, de la que guarda “muchísimos amigos a día de hoy”. En 2017 retomó la dirección musical de Lenguas Largas, su murguita infantil, en una nueva etapa que le permitió seguir transmitiendo su pasión a los más pequeños.
Pero aún le quedaba un gran reto. En 2025, compañeros y familia de Caraduras que formaban parte de Ni Pico Ni Corto vinieron a buscarlo para que les ayudara a sacar la murga. “El año en Ni Pico fue duro pero bonito”, recuerda. “Me siento orgulloso de haber sido partícipe de una murga tan emblemática y con tanta historia”.
Los Avispados: el último proyecto
El broche de oro a su trayectoria llegó este mismo año, cuando decidió fundar junto a su familia y amigos —que ya son familia, matiza— la murga Los Avispados. “Ha sido el año más duro que recuerdo, pero creo que la semilla que se ha plantado ha valido la pena”, asegura.
Y es precisamente ahora, tras ese esfuerzo titánico, cuando ha decidido dar un paso al lado. Hoy, con los ojos brillantes y el orgullo por bandera, le cede el testigo de la dirección de la murga a su hermano. “Espero que el mundo de las murgas lo trate como se merece y que al menos disfrute lo mismo o más de lo que yo he disfrutado”, desea.
Un legado que trasciende
Miguel Díaz se define a sí mismo como “un murguero de los de antes”. Y su trayectoria lo acredita. Alguien que se crió en familia de parranda y murga, que soñaba de niño con dirigir una agrupación, y que ha terminado dejando una huella imborrable en el Carnaval.
En su mensaje de despedida, deja también un deseo para el futuro: “Espero que las murgas no pierdan la esencia que las caracteriza como tal”. Una advertencia y un anhelo, en tiempos de cambios y desafíos para la fiesta más auténtica.
Porque Miguel Díaz ha sido mucho más que un director musical. Ha sido el eslabón que unió a varias generaciones, el artífice de reencuentros familiares sobre las tablas, el que plantó semillas que otros recogerán. Su legado, como él mismo sabe, seguirá vivo en cada ensayo, en cada letra, en cada actuación de las murgas que ayudó a construir.
Hoy, un murguero de los de antes dice adiós a los focos. Pero su nombre ya forma parte de la historia del Carnaval.