El carnaval, además de música, brillo y celebración, es símbolo de identidad, representación y orgullo colectivo. Cada año, las soberanas del carnaval encarnan ese espíritu festivo que une tradición, arte y emoción popular. Y este 2026, hay una coincidencia que no pasa desapercibida: las reinas de los carnavales capitalinos llevan el mismo nombre. Este año, el carnaval tiene nombre propio: Carla.

Por un lado, Carla Castro, Reina del Carnaval de Santa Cruz, ha sabido conquistar al público con una presencia escénica imponente, elegancia y una imagen que combina majestuosidad con cercanía. Su reinado no solo se mide en trajes deslumbrantes y sonrisas impecables, sino también en la forma en que representa la esencia alegre y participativa del carnaval cruceño, proyectándolo más allá de sus fronteras.

Por otro, Carla Benítez, Reina del Carnaval de Las Palmas, se ha convertido en un auténtico emblema de la fiesta capitalina. Su carisma, seguridad y dominio del escenario la han posicionado como una figura central del carnaval, capaz de transmitir la historia, la fantasía y la fuerza cultural que caracterizan a esta celebración. Su reinado es reflejo del trabajo artístico, coreográfico y estético que sostiene al carnaval como uno de los eventos culturales más importantes del año.

Más allá de la coincidencia nominal, lo que une a ambas Carlas es su capacidad de representar a sus ciudades con orgullo y autenticidad. Cada una, desde su propio contexto, demuestra que el reinado del carnaval ha evolucionado: ya no se trata solo de portar una corona, sino de ser voceras de la cultura, embajadoras de la fiesta y referentes de identidad colectiva.

Este año, las capitales celebran con doble brillo. Las calles, los escenarios y las miradas del público coinciden en un mismo nombre que resume elegancia, fuerza y tradición. Las Carlas del carnaval no compiten entre sí; se complementan como símbolos de una fiesta viva, diversa y profundamente arraigada en el corazón de su gente.

Porque si el carnaval es alegría hecha persona, este año tiene rostro, sonrisa y nombre propio. Y se llama Carla.

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