La homenajeada recordó que la murga infantil nació hace 26 años en La Orotava gracias al esfuerzo de muchas personas que mantuvieron viva la tradición

La Murga Minivirgues quiso reconocer públicamente la trayectoria y el compromiso de Elisa, una de las personas que ha dedicado años de esfuerzo a mantener viva la cantera murguera en el norte de Tenerife. Durante un emotivo acto, la agrupación le entregó el galardón “Guardián de la cantera”, un reconocimiento que busca poner en valor el trabajo silencioso pero imprescindible de quienes siembran la semilla del Carnaval en las nuevas generaciones.

Palabras desde el corazón

En el momento de la entrega, Elisa dirigió unas palabras a los presentes que reflejaban la importancia del legado colectivo. “Ustedes están aquí porque a alguien hace 26 años le dio por fundar una murga infantil en La Orotava”, recordó, subrayando que el camino recorrido no habría sido posible sin la contribución de muchas personas a lo largo de más de dos décadas. “Y por todo el trabajo de mucha gente durante todos esos años están ustedes aquí”, añadió, emocionada.

Sus palabras sirvieron para poner en perspectiva el valor de la tradición y la importancia de mantener viva la llama de la cantera, ese semillero del que brotan cada año nuevas voces y nuevas ilusiones.

Un agradecimiento público

La Murga Minivirgues quiso compartir imágenes del acto a través de sus redes sociales, acompañadas de un mensaje de agradecimiento: “Elisa, una vez más aprovechamos para agradecerte públicamente toda tu gestión y tu dedicación a sacar y mantener la cantera viva en el norte”.

El gesto de la agrupación subraya la importancia de visibilizar el trabajo de quienes, desde la sombra y durante años, sostienen los cimientos del movimiento murguero. El reconocimiento “Guardián de la cantera” nace precisamente con esa vocación: recordar que detrás de cada murga hay historias de esfuerzo, dedicación y amor por la fiesta.

Un legado que perdura

La labor de Elisa y de tantos otros que han dedicado su tiempo a las murgas infantiles garantiza la continuidad de una tradición que no se entiende sin el relevo generacional. Gracias a su empeño, decenas de niños y niñas han podido descubrir el mundo de las murgas, aprender a cantar, a criticar con humor y a sentirse parte de una gran familia carnavalera.

El acto de entrega del reconocimiento se convirtió así en un momento de reivindicación de la cantera y de agradecimiento a quienes, como Elisa, han hecho posible que el norte de Tenerife siga siendo un referente en el panorama murguero de las islas.

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