No hubo teatro Guimerá. Las obras lo desplazaron, pero la cita se mantuvo en pie. La Agrupación Lírica La Zarzuela celebró este jueves su concierto de presentación en el Círculo de Amistad XII de Enero, estrenando así los actos de sus bodas de oro. Medio siglo exacto desde que un puñado de enamorados del género lírico decidió que la zarzuela merecía algo más que fragmentos sueltos entre murga y murga.

1976: el año en que la romanza encontró casa

Salvador Rojas dirigía entonces Los Románticos. Pero el repertorio se le quedaba pequeño. «Todos sentíamos devoción por la zarzuela y queríamos interpretarla con continuidad, no solo como pieza ocasional», rememora el maestro. La propuesta encontró cobijo en el Círculo, con Pablo Corona al frente y Moisés Díaz-Estévanez como secretario. En 1977, el debut carnavalero certificó el nacimiento de una rareza: una formación estable dedicada al género lírico, con ensayo permanente y vocación de calendario.

Cincuenta años de voces y atriles

Por sus filas han desfilado decenas de intérpretes. Algunos, como Francisco Quevedo, Emma Suárez o Andrés Cabrera, dieron el salto al ámbito profesional. Otros se quedaron, atriles mediante, alimentando esa estructura de coro, solistas y orquesta que Rojas define como «difícil de sostener, pero imposible de abandonar».

El maestro no elude el diagnóstico: «La zarzuela atraviesa un momento delicado en todo el país». Pero ahí están ellos, cincuenta años después, seleccionando las piezas más vitoreadas de su repertorio. Luisa Fernanda con su mazurca de la sombrilla. Gigantes y Cabezudos. El barberillo de Lavapiés. Y dos rarezas: El brindis de El Cantante Enmascarado y El Fandango de La Zapaterita.

Las voces del aniversario

Héctor Coello, Beatriz Rodríguez Iberio, Cristina Hernández Ara, Desiree Iladis, Antonio Alberto González y José Díaz Mederos asumen este año la parte solista. Todos arropados por coro y orquesta, mezcla de veteranía y savia nueva.

La plaza del Príncipe espera

El gran reencuentro con la calle llegará el Domingo de Piñata. Ese día, La Zarzuela ocupará su trinchera habitual en la plaza del Príncipe, inmediatamente después de que la Afilarmónica Ni Fú-Ni Fá suelte amarras. Será el segundo acto de una conmemoración que Rojas despacha sin grandilocuencia: «Sin darnos cuenta, hemos llegado a los cincuenta años».

Medio siglo después, el género resiste. Y lo hace, fundamentalmente, porque hay quien todavía se sienta a ensayarlo.

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