Santa Cruz de Tenerife empieza a cambiar de piel. Aún no suenan las murgas a pleno pulmón ni los disfraces inundan cada esquina, pero el carnaval ya se hace notar en pequeños gestos que anuncian lo que está por venir. Vallas, preparativos y espacios delimitados convierten plazas y avenidas en escenarios en construcción para la fiesta más esperada del año.

La plaza Weyler es uno de esos puntos donde el pulso carnavalesco comienza a latir. El vallado, que sorprende a vecinos y transeúntes en su rutina diaria, marca el inicio de la transformación urbana que acompaña a estas fechas. Las calles, todavía sin máscaras ni plumas, ya se visten de expectación. Es el anticipo de noches largas, de música constante y de un ambiente que rompe con la normalidad cotidiana.

El carnaval no llega de golpe: se anuncia. Primero con las estructuras, luego con los ensayos que se escuchan a lo lejos y, finalmente, con la explosión de color que convierte a Santa Cruz en capital mundial de la alegría. Cada valla colocada es una señal inequívoca de que la cuenta atrás ha comenzado.

Vecinos y visitantes lo saben bien. Aunque todavía se camine “sin disfraz”, el espíritu carnavalesco ya está presente, recordando que la ciudad está a punto de entregarse a su celebración más emblemática. El carnaval ya se siente en las calles, incluso antes de que empiece oficialmente, porque en Santa Cruz no es solo una fiesta: es una forma de vivir y de reconocerse como ciudad. 🎭✨

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