El conflicto por los locales de la Plaza de la Música, junto al Auditorio Alfredo Kraus en Las Palmas de Gran Canaria, ha escalado a un nivel de tensión máxima. Manuel Benítez, presidente de la histórica batucada Piratas del Caribe, ha iniciado un encierro indefinido y una huelga de hambre en las instalaciones que ocupa el grupo, después de recibir una notificación del Ayuntamiento para que abandonen el espacio de forma voluntaria en un plazo de diez días.

La medida de presión, según Benítez, no cesará hasta que el consistorio ofrezca una solución concreta. “De aquí no me voy hasta que me den otro local”, sentenció el dirigente, quien califica la orden de desahucio como un ataque directo a una entidad que participa desde hace décadas en el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.

Un conflicto que afecta a más agrupaciones

La situación surge de una iniciativa municipal para recuperar varios locales en el entorno de la plaza. La medida no solo afecta a Piratas del Caribe, sino también a otras agrupaciones como la Parranda Guanarteme y una asociación de Capoeira, que han recibido notificaciones similares. Mientras el club de capoeira ha optado por no oponerse al desalojo pero pide más tiempo para reubicarse, la batucada se ha plantado en una resistencia frontal.

Los colectivos afectados denuncian que el Ayuntamiento pretende desalojarlos sin ofrecerles una alternativa real donde almacenar sus instrumentos y continuar con sus ensayos, actividades fundamentales para su supervivencia.

Argumentos enfrentados y reclamo de diálogo

Desde Piratas del Caribe sostienen que acondicionaron el local mediante presupuestos participativos, que disponen de un contrato de entrega de llaves y que llevan más de diez años en el lugar. Además, señalan una aparente desigualdad de trato, ya que existen otros locales municipales ocupados por entidades (como un club privado de fútbol y una asociación de mayores) que, según ellos, no han recibido notificación alguna.

Por su parte, el Ayuntamiento alega la falta de un contrato o título habilitante formal para ocupar un espacio privilegiado junto al Auditorio, insistiendo en la necesidad de regularizar su uso y abrirlo a una mayor participación ciudadana, sin haber detallado aún un proyecto concreto para el área.

A pesar de la orden administrativa, Benítez permanece firme en el local, esperando que su protesta extrema fuerce una mesa de negociación. Asegura que este lunes hubo un primer acercamiento, pero se niega a levantar la huelga hasta que lo conversado se concrete en un acuerdo escrito. Como posible solución, sugiere el cuartel Manuel Lois, un espacio que alberga parte de la infraestructura del Carnaval.

La incertidumbre ante el Carnaval y una protesta visual

La veintena de miembros de Piratas del Caribe apoya la decisión de su presidente, pero se debaten ahora sobre si participar o no en los próximos actos del Carnaval ante la incertidumbre sobre su futuro. Mientras, Benítez ha decorado la fachada del local con cartulinas de colores llamativos para visibilizar el conflicto y dejar claro, afirma, que no son “okupas”, sino una agrupación cultural con arraigo.

Decidido a pasar hambre y a pernoctar en el local para evitar un posible desalojo sorpresa, Benítez ha convertido la Plaza de la Música en el símbolo de un pulso más amplio: la tensión entre los planes de renovación urbana y la preservación de los espacios que dan vida a la cultura popular y carnavalera de base en la ciudad.

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