Un conflicto entre el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y varias entidades de la Plaza de la Música (ahora Jerónimo Saavedra) alcanza un punto crítico. Manuel Benítez, presidente de la batucada Piratas del Caribe, ha anunciado que iniciará una huelga de hambre el próximo lunes para evitar el desalojo de su local, notificado por el área municipal de Patrimonio.
Protesta “In Situ” y una Decisión Radical
La medida extrema de Benítez responde a una orden de desahucio. El percusionista, líder de una agrupación con más de cuatro décadas de trayectoria en el Carnaval capitalino, tiene previsto llevar a cabo su protesta dentro del propio espacio que ocupan, declarando a las autoridades: “De aquí no me muevo”. Su objetivo es vincular la supervivencia de la batucada a la permanencia en una sede que ha sido su centro de operaciones durante los últimos diez años.
Benítez expresa su decepción por el tratamiento recibido tras años de participación festiva. Asegura que, al haber firmado un acuerdo y realizado una entrega de llaves, no abandonará el local voluntariamente y está dispuesto a llevar su resistencia “hasta las últimas consecuencias”.
La Sombra del Agravio Comparativo y un Conflicto Más Amplio
La situación pone de relieve lo que la agrupación percibe como un trato desigual. Junto a su local, existen otros dos espacios en circunstancias similares—un club de futbol privado y una asociación de mayores—que, según Benítez, no han recibido notificaciones de desalojo. Este contraste alimenta la sensación de agravio.
El origen del problema es una iniciativa del Ayuntamiento para recuperar diversos locales en la plaza que carecen de contrato o título de ocupación formal. Mediante expedientes administrativos, el Consistorio busca regularizar estos espacios, argumentando la necesidad de recuperar suelo público. Esta acción, sin embargo, pone en riesgo la continuidad de las actividades culturales y sociales que allí se desarrollan.
Dos Posturas Frente al Desalojo
Mientras Piratas del Caribe se planta en una resistencia frontal, otro de los colectivos afectados, una asociación de capoeira, adopta una postura más colaborativa. Este grupo ha manifestado su disposición a desalojar de forma voluntaria, pero solicita al Ayuntamiento un plazo adicional para encontrar un local alternativo que cumpla con los requisitos necesarios para su práctica, buscando una transición ordenada.
Un Pulso por la Cultura y la Supervivencia
Para Benítez y su batucada, la pérdida del local no es un simple cambio de dirección. Representaría un golpe potencialmente mortal para la agrupación, al privarla de un lugar esencial para ensayos y almacenar su instrumentación, comprometiendo así su participación futura en el Carnaval.
Como posible solución, la batucada había solicitado ocupar el antiguo local del Mojo Club, un espacio que lleva años vacío en la misma plaza, pero aseguran no haber obtenido respuesta de Patrimonio. La huelga de hambre se presenta así como el recurso final en una batalla por preservar no solo un espacio físico, sino una pieza viva de la cultura popular grancanaria.