Un exhaustivo análisis acústico realizado durante las fiestas del Carnaval 2025 en la capital grancanaria ha confirmado lo que los residentes del entorno del Puerto denuncian desde hace años: los niveles de contaminación sonora registrados multiplican hasta once veces los máximos permitidos por la legislación, afectando gravemente a la calidad de vida de los vecinos.

Datos alarmantes

El estudio, incorporado a la denuncia presentada ante las autoridades, registró picos de 92,6 decibelios durante los eventos diurnos –equivalente a tener un camión en marcha dentro de una vivienda– y mediciones nocturnas de 90,7 dB en zonas residenciales, cuando el límite legal es de 45 dB. Estas cifras representan:

  • Un 4.166% de exceso en actividades diurnas

  • Hasta 10.739% de sobrepaso en conciertos nocturnos

“Son valores propios de entornos industriales, no de áreas residenciales”, señala el informe.

Foco en los conciertos

Las mediciones más críticas se concentraron en:

  1. Plaza de Manuel Becerra: 90,7 dB nocturnos

  2. Entorno del Mercado del Puerto: 88,9 dB

  3. Feria de atracciones: 88,4 dB por las tardes

El documento técnico revela una paradoja: incluso reduciendo los altavoces a 70-80 dB, el ruido generado por el público superaría los límites legales, haciendo técnicamente imposible el cumplimiento normativo.

Antecedentes preocupantes

El Carnaval 2024 ya había batido récords con 103 dB (similar a un reactor F-18), mientras que en 2023 y 2025 se repiten las mismas infracciones. Los vecinos subrayan que el Ayuntamiento “no ha implementado medidas correctoras efectivas en tres años consecutivos”.

Impacto en la salud

La denuncia recuerda que estudios epidemiológicos demuestran causalidad –no solo correlación– entre la exposición a altos decibelios y problemas de salud, especialmente en personas con enfermedades crónicas.

Respuesta institucional

Mientras el concejal de Cultura, Josué Íñiguez, insiste en el diálogo para “evitar la judicialización”, los afectados lamentan que sus reclamaciones previas no obtuvieron respuesta. El conflicto reabre el debate sobre la compatibilidad entre megaeventos festivos y el derecho al descanso en zonas urbanas.

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